Belmonte, finalista en VI Certamen Internacional Haikus Yosa Buson

Melanie Belmonte queda finalista en el VI Certamen Literario Internacional de Haikus ‘Yosa Buson’ con su obra ‘涙目砂漠’ que formará parte de Antología Internacional Haikus 2020.

Fuente: Editorial Letras Como Espada.

Kaleidozcopía (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

Letargo de abril
infinito e indómito
que me relega a un rincón mental

en el que no existe satisfacción,

en donde lo único que me acompaña

es el recuerdo de aquellos días grises

en los que la calidez de mi café

me devolvía un atisbo de paz interior.

Quimera de mayo,
abandóname la noche en la que mis lágrimas sequen

y la metafísica de mis sentimientos
quepa en la palma de mi mano

temblorosa, dubitativa.

La gente susurra,

ingrata e injusta.
Dios está enfermo, Vallejo.
¿Será este el día en el que nuestro salvador

ascienda desde los infiernos de la soledad incesante?

Letargo de abril, quimera de mayo.
Un dios convaleciente
y un ángel de la guarda que no me responde el teléfono,

mientras en las puertas de un cielo atemporal

yace colgado un cartel que reza:

“Hoy no fío, mañana sí.”

Letargia

Lúcio Alex Belmonte | Secc. Expresión Literaria

Desesperada em se tornar, 

A sonolência intelectual de se ir; 

A letargia é quase uma poesia, 

É a agradável despedida da ação.

Hoje não faço, amanhã, provavelmente. 

Ilumino meu querer, sem muito esforço. 

Jorro minhas intenções, 

Manipulo o meu futuro. 

Neste destino que fomento, 

Produzo realidades minhas; 

Perpetuo o meu querer.

Respeito o ter na vida, 

Simplificando o existir; 

Temperando as decisões. 

© 03/08/15 – 15:21 – Lima – Peru 

Desesperada en convertirse, 

La somnolencia intelectual de irse; 

La letargia es casi una poesía, 

Es la agradable despedida de la acción. 

Hoy no hago, mañana, probablemente. 

Ilumino mi querer, sin mucho esfuerzo. 

Arrojo mis intenciones, 

Manipulo mi futuro. 

En este destino que fomento, 

Produzco realidades mías; 

Perpetúo mi querer. 

Respeto el tener en la vida, 

Simplificando el existir; 

Condimentando las decisiones. 

© 03/08/15 – 15:21 – Lima – Peru 

RESEÑA: Saga DEMENTES de Verónica Daniels

Samuel Camacho 

COLABORADOR BELMONTE ••• | ARTE

Sección ‘Crónicas de acero, tinta y cuero’.

A todos aquellos que compartimos la pasión por la literatura y los libros nos une también el entusiasmo y la emoción que buscamos al perdernos entre las aventuras de mil personajes encerrados entre páginas y páginas. Amor, sufrimiento, sangre, misterios, historia o misticismos se esconden tras los títulos y portadas apilados con mayor o menor sentido en las estanterías que forran las paredes de nuestras librerías favoritas o incluso nuestras propias casas. Horas de sueño robadas en compañía de historias jamás serán tiempo perdido pues, como dice George R. R. Martin, “un lector vive mil vidas antes de morir, pero el que nunca lee sólo vive una”.

Con todo esto no busco divagar ni dispersarme en pensamientos que nada tienen que ver con lo que hoy he venido a contarte. Sólo quiero que lo pienses un momento, fría y objetivamente ¿qué buscamos en las historias que leemos? ¿Qué hay en realidad más allá de tantas páginas devoradas sin descanso? 

No me entiendas mal, no es un reproche, en absoluto. Nada más allá de mi sana intención. Cada cual tiene su propio motivo, tan válido como el de quien tienes al lado: entretenerse, aprender, viajar, entender, olvidar, etc. Todas razones dignas e igualmente loables pues, como todo esta vida, somos libres y suficientemente inteligentes para decir qué queremos hacer y cómo queremos hacerlo.

Pero al igual que nosotros, como lectores, tenemos la capacidad de decidir qué tipo de lecturas son las que nos van a acompañar a lo largo de los mil viajes que dura esta corta vida por la que transitamos, del otro lado, lo creadores de estos guiones son igualmente libres de elegir qué desean, o necesitan, contar de un modo más o menos explícito, en el interior de las historias que, como si fuesen sus propios hijos, cuidan y miman hasta que llegan a la edad suficiente de volar en libertad y llegan a nuestras manos.

Y en estas estamos cuando, entre el infinito mar de novelistas, poetas, ensayistas y demás autores de los distintos géneros que conocemos, aparece alguien distinto, diferente, que con sus historias y personajes busca, con cruel intensidad, mostrarnos una realidad mucho más despiadada, inhumana y demasiado atroz para pensar que, por más horrible que parezca, relatos así estén basados en hechos de la cruda realidad en la que vivimos, porque el valor está en aquellos que se atreven a ir más allá.

Foto: Samuel Camacho

Y navegando a más de cien millas de la costa en este océano embravecido por mil y una historias encontramos, entre los vestigios de un antiguo naufragio, a una autora especial, valiente y con unas ganas admirables de traernos historias tan duras como necesarias. 

Con “Cazadores Dementes”, Verónica Daniels debutó en el mundo de la literatura en 2019 –atreviéndose con la autopublicación de su obra en Amazon- con una historia que nos adentra en un crudo viaje al interior de la mente humana a través de las debilidades que nos convierten muchas veces en víctimas de otros. Un universo complejo y enrevesado en el que promesas, ideologías y sueños de una comunidad de elegidos se entremezclan con los anhelos de poder, dinero y supremacía de unos pocos seres superiores.

Entre las poco más de 150 páginas con las que Verónica compuso esta intensa novela, existe una excelente labor de documentación antropológica y un fantástico trabajo que consigue ayudar al lector a meterse en la mente de cada uno de los protagonistas de esta historia que nos transportan, a lo largo de sus propias vivencias, a través de los diferentes puntos de vista que conforman una lectura diferente, pero indispensable. 

Un mensaje duro y terrible que busca mostrarnos, casi en primera persona, la realidad del submundo de las miles de sectas destructivas que arruinan, económica y socialmente, la vida de aquellas mentes más débiles y maleables que necesitan la aceptación de una comunidad que se les presenta tan idílica como corrosiva.

Pero la historia no queda ahí. Tras el respeto ganado por crítica y lectores, Verónica Daniels –muy lejos de olvidar uno de los objetivos que la sumergieron en esta aventura- puso su atención en otro de los males que carcomen las entrañas de nuestra sociedad. 

Con “La Oscura Realidad de Jessica Dunne” –de nuevo a la venta en la misma plataforma-, la autora nos muestra con asombrosa lucidez un enorme paso hacia la evolución de su estilo narrativo, componiendo una novela más intensa, sofisticada y compleja que trata de, como no era menos de esperar, concienciarnos sobre un tema demasiado duro, muy actual y escalofriantemente tenebroso del que la mayoría de nosotros preferimos, como los cobardes que somos, pensar que sólo son cuentos para no dormir que oímos, muy de lejos, en los noticieros del mediodía. 

Enmarcada de fondo en una novela de amores, familia, lealtad y celos, la historia de Jessica Dunne trata de abrirnos los ojos ante el tratamiento que la comunidad  en la que vivimos ofrece a ciertas enfermedades mentales, a las dificultades que los que las padecen encuentran en su vida personal, familiar y laboral, y a la poca empatía con la que la sociedad es capaz de tratarles. 

Pero lo que más puede conseguir erizar la piel y retorcernos las entrañas hasta decir basta y no más, es la barbarie de los actos que un padre es capaz de cometer -perdido, enfermo o desequilibrado, eso lo juzgarás tú mismo cuando leas esta historia- contra su propia familia.

Sólo me queda pues, felicitar, con estas líneas que aquí comparto contigo, a la autora, Verónica Daniels, por tener el coraje de atreverse –por encima de historias románticas, bonitas y que acaban en finales felices- a traernos relatos como los que aquí hemos contado, con los que ninguno de nosotros se siente cómodos pero que para todos debería ser una obligación leer y compartir.

Ser en arte

Iván R. Ray | Escritor 

PASAJE | DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…”

Hay que gente que habla de ‘el arte’ (el arte se pronuncia como se escribe, que es como se lee, pero nada más), la gente habla de ‘el arte’, te digo, y habla mucho de lo que es, y también habla de lo que debe ser, y habla tanto, tanto y sobre tanto que luego se olvida de por qué y tiene que volver a empezar, y así. Pero claro, eso es porque no te conocen. Hablar de lo que no se conoce, de lo ignorado, está bien, siempre lo ha estado, es una cosa que gusta, a nadie le importa que otros hablen de cosas que no sabe porque luego nos reímos de ellos y ya está. La gente habla de ‘el arte’, y también de la poesía, y hasta hacen poemas, o al menos dicen que son poemas, pero eso es porque no te conocen, y entonces al ver lo que hacen nos reímos, sí, nos reímos mucho de lo que hacen. Hay que gente que nos dice lo que es la poesía, y hablan de lo que es la poesía, y te dicen lo que es la poesía, te lo dicen como te dicen lo que es la mantequilla, así, pero lo hacen porque no te conocen, claro. La gente hace cosas, la gente no conoce el silencio porque escuchar se hace doloroso, a veces se hace doloroso porque las cosas suenan a vacío cuando caen al suelo, y cuando hay silencio se escucha el chirriar y el crujir del eje de la tierra al girar, y eso hace que el dolor sea más triste, pero es porque no te conocen, claro, y no saben lo que es mirar (el mirar), y las cosas se confunden y se enamoran de cosas que sí existen, y entonces mueren como la gente que no vive en Viena; la mayoría de la gente no vive en Viena, ni siquiera ha vivido después de la guerra, cuando pasó lo de Orson Welles, que es algo que no es nada pero que pasó en Viena. Hay gente que esto no lo entiende, pero dicen que son poetas porque ignoran que hay un infierno solo para ellos, para los que dicen eso.

Hay gente que no sabe, o que no puede saber, que hay que catedrales en Europa que se soñaron, que se diseñaron, que se construyeron, (casi todas también se intentan destruir), que se restauran y que se admiran desde hace siglos, tantos que ya ni importan, y que se concibieron solo para que dentro de unos años, cien o más, una mujer entre en una de ellas, la que tenga más cercana (porque no sabemos dónde vivirá esa mujer y por eso se hicieron tantas catedrales en tantos sitios), y le pida a Dios Todopoderoso que cure a su hija (o ayude a su marido, que es aún más); hay gente que no entiende que haya catedrales que existen solo para que eso pase y que cuando pase, ya está. Pero esa gente tampoco te conoce, claro.

Hay gente, como te digo, que habla de ‘el arte’, también del Arte, pero esa es otra historia. La gente habla, como te decía, y seguirá hablando, y diciendo, y haciendo.

Hay gente, en fin, eso es todo. También había gente en las películas de romanos y quedaba bien. 

Hay que gente que hace cosas, muchas cosas. Yo solo te miro.

-¿Qué haces?

-Nada.

Y sigo mirándote. Y eso es todo.

Adeus

Lúcio Alex Belmonte | Secc. Expresión Literaria

Adeus que posterga a ida dos que ficam, 

Em encontros e desencontros de muitos. 

Chegando à separação momentânea, 

Destas realidades e surpresas da existência.

Adeus de continuidades diferentes; indiferentes. Momentos que revelam o que não vemos; 

Palavras degustadas nos pensamentos. 

Tremenda inalterabilidade de não sorrir. 

Adeus para que se possa viver. 

Eleger com sorrisos todos os passos, 

Nesta decisão íntima de continuar a existir. 

Adeus desagradável; às vezes, necessário. 

Adeus que provoca encontros e perdas. 

Adeus que permite reencontros e esquecimentos. 

© 13/02/16 – 12:02 – Lima – Peru 

Foto: Lucio Alex Belmonte

Adiós

Adiós que posterga la ida de los que quedan, 

En encuentros y desencuentros de muchos. 

Llegando a la separación momentánea, 

De éstas realidades y sorpresas de la existencia.

Adiós de continuidades diferentes; indiferentes. Momentos que revelan lo que no vemos; 

Palabras degustadas en los pensamientos. Tremenda inalterabilidad de no sonreír. 

Adiós para que se pueda vivir. 

Elegir con sonrisas todos los pasos, 

En ésta decisión íntima de continuar a existir. 

Adiós desagradable; a veces, necesario. 

Adiós que provoca encuentros y pérdidas. 

Adiós que permite reencuentros y olvidos. 

Sonetos LIBRES – Versos de un traductor

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por Lúcio Alex. Belmonte (Autor)

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Desenlace (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

El día que yo muera, los quiero a todos en el funeral.

Porque habré dejado de ser el hombre que cae al vacío,

el de los sueños recurrentes,

el que escuchaba a sus muertos cada medianoche de verano.

Porque habré entendido que la única libertad real

se halla en la muerte,

que el único amor pretenciosamente sincero

es aquel que se seca en las lágrimas que caen por tus mejillas.

Porque mientras las lágrimas caen,
los sentimientos germinan y la admiración se afianza.

Porque viviré como un recuerdo distante pero incómodo

al que no tendrás que regresar.

Foto cortesía Sandro Hernández Ortiz

No me pidas que me quede.
Recuerda que si lo arriesgo todo
es porque no tengo ya nada que perder.

RESEÑA: “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follett

Samuel Camacho 

COLABORADOR BELMONTE ••• | ARTE

Sección ‘Crónicas de acero, tinta y cuero’.

Creo que a estas alturas de la película, tú y yo, a solas, nos merecemos un poco de sinceridad. Sí. Lo has leído bien. Sinceridad. A corazón abierto y tumba preparada. Sin más. Sin condiciones, sin frenos, sin ambigüedades ni medias tintas. Así, como ahora, nosotros, cara a cara, letra a letra. Bueno para ser francos, tú y yo, y alguien más que sin invitación, pero con permiso, nos escucha a hurtadillas desde algún lugar entre las cortinas de este día que nos está tocando vivir.

Así que, tendida ya la alfombra –roja, azul o verde, lo dejo a tu elección- podemos comenzar por el principio, por confesar ese oscuro secreto que a todos nos atormenta, de noche, cuando al tumbarnos sobre el colchón y tratar de dormirnos en paz, consigue que las pesadillas inunden nuestros sueños de maldiciones, infiernos y tenebrosa oscuridad. Pero no temas, las confesiones erótica-perversas las dejo para más adelante, cuando nuestro vínculo sea más, cómo decirlo, profundo. 

Hoy vengo a hablarte de fracasos. De mis fracasos, para ser más exactos y meter un poco más el dedo en el profundo agujero de mi propia decepción. Fracasos literarios, de esos libros que por un motivo u otro, por una excusa o la de enfrente, no he sido capaz de terminar, o incluso en alguna ocasión, de empezar. Puedes comenzar a enumerar, si así consigues sentir algo más de empatía por mí: pereza, miedo, angustia, dejadez, apatía o cualquier otro motivo que te venga ahora mismo a la mente. No importa, seguro que sabes de qué hablo y exactamente a qué me refiero. 

Pero tampoco seas tan hiriente, eso que piensas ahora es absurdo, no te desvíes. Hablamos de libros, por supuesto, qué más hay aquí, entre estas líneas que hoy nos acercan, que páginas llenas de palabras, historias y personajes, infinitos, eternos, que consiguen llenar nuestras vidas de ilusión, misterios, amor y aventuras. 

Foto: Samuel Camacho

Pero, y volviendo a la sinceridad que tú y yo nos hemos prometido, debemos reconocer que hay historias que nos superan, que nos afligen o nos asustan, de las que no somos capaces de digerir, con una mínima dosis de dignidad, la crueldad, el rigor o la mezquindad de sus relatos, en ocasiones excesivamente duros para poder soportar lo que sus páginas nos cuentan.

Y el primer libro de mi lista, un clásico entre los grandes, lo ocupa “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follet –novela histórica, necesaria para cualquier lector, le guste o no el género, ambientada en la Inglaterra de la Edad Media, durante el periodo de guerra civil conocido como la anarquía inglesa, que tiene lugar entre el hundimiento del White Ship y el asesinato del arzobispo Thomas Becket-. El primer episodio de la Trilogía del Siglo, obra indispensable para cualquiera que considere la literatura como algo más que una obligación escolar, y del que jamás he logrado, por más que me lo haya propuesto, leer más allá de los capítulos iniciales.

Un fracaso.

Sí. Este es el momento. Tienes dos minutos para críticas, insultos, improperios y consejos. Te espero.

Bueno, y ahora que ya has terminado, con calma, podemos hablar, discutir, analizar lo que aquí hoy tenemos. ¿Cómo voy  valorar un libro que no he leído?, o en otras palabras ¿Cómo voy a convencerte para que tú lo leas si yo no he podido? Muy fácil, con un desafío, la esencia del ser humano. El motor que mueve el mundo. 

La maestría con que Ken Follett es capaz narrar los duros acontecimientos de una época en la que la vida de cualquiera valía menos que el acero oxidado de la espada que con caprichosa vileza segaba sueños y esperanzas, es tan brutal e inhumana que, aunque ficticios sobre el papel, los hechos resultan tan estremecedores y crueles para creer que nadie es capaz de, aún velando por el bien de una familia demasiado humilde  y desafortunada –por evitar palabras como “pobre” o “desgraciada”- de la que es responsable, tan siquiera poder imaginar llegar a cometer. 

La elegancia, sobriedad y respeto con los que el autor plasma algunos de las escenas iniciales de esta novela son el argumento perfecto para que yo, ahora, en privado y sólo ante ti, confiese que fui incapaz de asumir la lacerante severidad que inundan las primeras páginas de esta historia inmortal que ha marcado una época, hechizando a más de cuatro millones de lectores. 

Así que, para terminar y puestos a sincerarnos del todo, debo confesarte también que prometí, mucho tiempo atrás, darle una segunda… no, tercera oportunidad, no sólo a esta novela, sino a la bibliografía completa de Ken Follett. Ya sabes a  qué me refiero… “Un Mundo sin Fin”, “La Caída de los Gigantes”, “El Invierno del Mundo” “Una Columna de Fuego”…, y el recientemente publicado, precuela de la novela de la que aquí, hoy, hemos hablado, tú y yo, en confianza, “Las Tinieblas y el Alba”. 

¿Me acompañas?

Teorema del Beso (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

Quien fuera tú para encontrarme en otras sonrisas.

Porque esta noche, soñando contigo, he sentido algo.

Tal vez me dirás que estoy loco,

que no te he visto antes,

que ni siquiera sé de qué color es la esencia de tu alma.

Anhelo sentirte cercana, incluso si eso implica

transformarte en poesía desafinada

que me desgarra el alma en pedazos,

a punta de símiles y párrafos asonantes.

Foto: Sandro Hernández Ortiz

Esta noche te he besado en mis sueños
y allí, fuiste real.
Aquí, entre mis muertos, ni siquiera sé si existes.

Y así, te vuelvo a encontrar.
En cada una de mis amantes imaginarias.
En cada una de mis noches en vela.
En las caricias que tu piel no me regalará,
en las miradas que nuestros ojos jamás compartirán.

Tan solo cuando nuestros cuerpos se fundan,
nuestros labios conseguirán contarse
lo mucho que se han echado de menos.
Tan solo en ese momento podrás darte cuenta de mi verdad.

Prométeme que no volverás a prometerme nada

y ven, enséñame la ciencia mística de tus labios

una vez más.