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La prestigiosa Revista Literaria Alborismos (Venezuela) publica ‘El orgasmo del cercenamiento’ de Melanie Belmonte, obra Ganadora del Primer Premio Internacional del VI Certamen de Microrrelatos Microterrores.

Revista Literaria Alborismos Año III Nº 5

La prestigiosa Revista Literaria Alborismos (Trujillo, Venezuela) ha publicado su primer número de este año 2021. El espacio contiene obras artísticas de autores de diferentes lugares del mundo.

Melanie Belmonte ••• | Productora Asoc. Cine Escritora | Colaboradora Belmonte Arte Secc. Pensamientos
Melanie Belmonte ••• | Productora Asoc. Cine, Escritora y Pintora | Directora Fund. Belmonte Arte & Belmonte Cine

En este Año III Nº 5, la Revista Literaria Alborismos publica ‘El orgasmo del cercenamiento’ obra de Melanie Belmonte Ganadora del Primer Premio Internacional del VI Certamen de Microrrelatos de Terror Microterrores 2020, así como su obra visual ‘Cercenamiento’.

Desde el 5 de Marzo ya está disponible La Revista Literaria Alborismos (Trujillo, Venezuela) impresa y online (ésta última gratuita). En su primer número de este año 2021 publica ‘El orgasmo del cercenamiento’ y la obra visual ‘Cercenamiento’ de Melanie Belmonte.

En esta ocasión, de entre más de 500 obras recibidas de todos los rincones del mundo, se han seleccionado textos poéticos, narrativos y críticos que dejarán encantados a los amantes de la buena literatura.

Fuente: Revista Literaria Alborismos Año III Nº 5 2021.

Brotes

Iván R. Ray | Escritor 

PASAJE | DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…”

A veces se les llama gemas y está bien que así sea, porque son yemas, yemas y brotes, y por eso también se les puede llamar gemas si se quiere. Y uno cree que hay que querer. El invierno nos desvela su final, el final de los inviernos suele ser trepidante como el desenlace de una novela casi negra, y también ruidoso, dicen que es por el deshielo pero en realidad nunca se sabe, el final de los inviernos se lleva las huellas de la nieve, se las lleva para siempre, y los pies en los barros que nos lo llevamos nosotros para tenderlos en la azotea de las chimeneas. Cuando pisamos un charco en cada invierno que acaba nos llevamos a casa un trozo de cielo. El frío del final del invierno es voraz pero hacemos como que no nos importa, o no mucho, cree que nos asusta con su soplo y su bramido como a los niños, pero ya no nos importa, ulula pero no nos atemoriza tanto porque las otras personas huelen a primavera y los caminos huelen a nuevos, caminos recién colocados, los caminos nuevos huelen a polen recién pintado, caminos que están por secar, y el cielo tiene el color del acero recién forjado. Y las aves al cielo vuelven a ser las equis de todas las incógnitas.

Se le puede llamar gemas, le decía, y está bien que así sea. La leña vuelve a ser árbol y su desnudez de antes se adivina ahora como silueta; cuando el invierno se sabe su propio fin, los árboles sin hojas sienten su pudor, recuerdan su vergüenza, se saben sin ropa y se cubren de escarcha (para disimular). Los árboles desnudos del final del invierno bailan para la gente de los pueblos, bailan de día y beben de noche, beben vino caliente mientras escuchan crujir la helada, que siempre suena aquí mismo, tan lejos. Los árboles se hacen damas cuando el invierno acaba y los sembradores se hacen hombres que los cortejan.

Se les llama gema a los brotes de los árboles y puede que lo sean, las ramas de hueso muestran sus anillos, que son esas gemas; los últimos vientos se llevan las hojas en que se escribieron los epílogos y ahora, en cada gema, tan pequeña que cabe toda la Creación en ella, trae el milagro de cada primavera que se acerca, que trae sus pasos mullidos y embarrados; cada gema alberga toda la creación, la gema de cada árbol nos trae a la luz todas las hojas y la flor, y con la flore el fruto y con el fruto, en fin, otro árbol y la vida prometida. Cada brote es toda la humanidad allí contenida, es todos los niños y también las risa, claro, cada brote, es todo los amaneceres y todas las islas. 

Se les llama gema, así debe ser. En cada una están todos los colores, y todos los nidos. Se les llama gema, pero también promesas. Cada una la suya.

CRÓNICA: Martes con mi viejo profesor de Mitch Albon.

Samuel Camacho 

COLABORADOR BELMONTE ••• | ARTE

Sección ‘Crónicas de acero, tinta y cuero’.

La vida en ocasiones transita a medio camino entre pasado y presente, tropezando con momentos que evocan en nuestra memoria recuerdos casi olvidados, provocando encuentros únicos que nos hacen saborear la esencia de quienes algún día fuimos.

Pero lo más triste de estos encuentros es la incapacidad propia para paladearlos como es debido. Para sentir de cerca la calidez que provoca una emoción en el centro mismo del alma, dónde la vida tiene un respiro y el corazón un motivo.

Aquel buenas tardes sonó vibrado en mi garganta y la gélida brisa de enero arrastró las palabras un poco más lejos de lo debido. Ramón desvió suavemente la vista del escaparate y la posó, como con descuido, en mis ojos, que titilaban a medio camino entre el frio y la emoción.

Y allí le encontré, más de veinte años después, con el pelo rubio menos boscoso de lo que recordaba y con alguna arruga de más sobre sus ensombrecidas mejillas. La suave sonrisa que se dibujó al final de su pequeña boca fue muestra suficiente de que me había reconocido. 

Cómo es la mente humana, ¿verdad?. Tres décadas, mil historias cargadas y un millón de obstáculos salvados después, y basta un cruce de miradas para que el tiempo se congele un segundo y pueda volver por un instante al colegio, a aquellas clases de literatura que sentaron las bases del amor por los libros que hoy en día logra que pueda sentarme y llenar mi mundo de páginas, personajes e historias.  

Y en cierto modo, el libro que hoy presentamos tiene ese olor, esa textura, a pasado y presente, a recuerdos olvidados y momentos perdidos. 

Entre las páginas de “Martes con mi viejo profesor” –publicado por la editorial Maeva en 2005- el autor, Mitch Albon, nos ofrece una lección de vida como pocas antes nos hemos podido encontrar. Dura, real, intensa y en ocasiones demasiado triste, la historia se cuenta en primera persona, en la que durante los encuentros semanales del escritor con su viejo profesor, ambos nos regala sabias y sencillas lecciones sobre el amor, la muerte, el dinero, el perdón o el adiós.

Foto: Samuel Camacho

Es muy triste pensar que sólo la certeza de la proximidad de la propia muerte pueda despertar, en nosotros mismos y en los que a nuestro alrededor pueblan nuestros días, los instintos más leales, nobles e intensos que, sólo al final, parecen dar sentido a una  vida que hasta ese momento no ha sido más que la suma de tropiezos, aciertos, fracasos, y horas vividas sin razón ni dirección. 

He de reconocer que nunca me han gustado demasiado los libros de autoayuda –montones de páginas escritas por vendehumos vestidos con pantalones de pinza y americanas de Zara sin nada nuevo que enseñar más allá de lo leído o escuchado en una parada de metro olvidada- pero debo reconocer, una vez más y ya son unas cuantas, que todos nos equivocamos, que debemos abrir un poco más nuestros horizontes, personales, profesionales, familiares, para aceptar enseñanzas como las que hoy trata de transmitirnos autores como éste, que juegan con nuestra percepción de la vida y la muerte, y coquetean con las sensaciones más duras, pero entrañables, que son capaces de arañarnos, con desazón, el alma desde dentro.

En ocasiones la vida nos atropella, nos pasa por encima sin darnos cuenta y nos oculta el mundo que a nuestro alrededor tiene lecciones infinitas que contarnos, clases maestras impartidas tras cada esquina que debemos saborear, degustar con tranquilidad y sosiego, porque llegará un día en el que nos enfrentemos al reflejo de un espejo que nos ofrecerá una versión de nosotros mismos que ya no nos guste, porque en ese instante nos daremos cuenta que todo ha pasado demasiado rápido y que la vida se termina sin haber dado sentido ni a uno solo de nuestros días.

Y en cierto modo, esta es una de las enseñanzas que trata de mostrarnos esta historia –una de muchas, todo hay que decirlo, entre las que podemos elegir la que mejor se ajuste a nuestras necesidades o a nuestros pecados- impartida con maestría por un viejo profesor, enferme de ELA, que es más consciente de todo lo que a su alrededor sucede ahora que la muerte le espera, próxima, y cuyas ansias por saborear cada uno de los instantes que le quedan hacen que las charlas de los martes sean algo más que una visita de cortesía. 

En esos momentos, Mitch –protagonista secundario de su propia historia- ha dejado de lado una vida que muy pronto le ha concedido todos los éxitos que alguien como él buscaba, para acompañar a su viejo profesor en un viaje a través de la vida, el pasado y la muerte, y aprender una asignatura obligatoria que todos a estas alturas hemos suspendido.

Y después de aprender una enseñanza así, a sangre, dolor y lágrimas, nos gustaría poder conocer a la persona que fuimos antes de todo ésto y hablarle de cómo es en realidad la vida, qué errores debe evitar y a qué debe prestar atención. Pero sobre todo, debe servirnos para reecontrarnos con ese yo que tan hondo hemos enterrado y volver a retomar la relación con él, con nosotros mismos, con nuestro verdadero ser, que un día se fue, pero que aún está a tiempo de volver.

Gracias entrenador, ha sido todo un placer. 

LO QUE DEBE. El sacrificio.

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

Allá donde estén mis palabras.

¿Por qué me ahogo en el torbellino de mi pensamiento
aquí, sentado frente al quicio de la ventana,
observando impotente cómo se sacrifican
esas caras apagadas por el incesante paso del tiempo?


Maldigo la impunidad del soberano,
del que dicta y no ve,
porque cierra los ojos;
Sigamos adelante,
se acaba el día,
mañana volveré a imponer la ley,
macabro juego de la esperanza.

¿Acaso es Creonte uno de esos profetas
que desvela el camino a seguir,
el sentido único,
el que nos librará del pecado más pernicioso?

Escucha, desde aquí puedo oír al coro,
cacareando sin parar en la plaza,
repitiendo una y otra vez cantinelas
que toman por disfraz la verdad,
superfluo beneplácito de la masa;
como en un concurso donde todos aplauden
sin saber muy bien porqué
y Creonte, gran regidor de la farsa,
se acerca, mira y repite también
¡fácil es responder así!


Una nueva cara tras la ventana,
solo una más de todas
¿a quién le importa,
si no eres más que expectativa de sacrificio?
¿Quién te llorará desde aquí?
Solo el silencio te velará.

¿Y ahora qué?
¿Qué vas a hacer?

Mientras, el coro brama:
No te esfuerces,
no te impliques,
no hagas.

RESEÑA: Línea de Fuego de Arturo Pérez-Reverte

LÍNEA DE FUEGO, de Arturo Pérez-Reverte

Samuel Camacho 

COLABORADOR BELMONTE ••• | ARTE

Sección ‘Crónicas de acero, tinta y cuero’.

Pues sí, es lo malo de estas guerras, que oyes al enemigo llamar a su madre en el mismo idioma que tú. Una frase que refleja con extrema crueldad uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de nuestro país.

De niños, engullidos por la multitud que en el patio del colegio corretea entre árboles, arena y asfalto, libramos nuestras propias batallas, en algunos casos -para nosotros y para nuestros padres- demasiado sangrientas y despiadadas, que acaban siempre con algún que otro ojo morado y el pantalón rasgado a la altura de la rodilla. 

Pero lo que para nosotros no son más que refriegas infantiles, para otros son recuerdos de una época olvidada que hoy estudiamos desde la comodidad de nuestro salón, reducida a un puñado de nombres, fechas y capítulos escritos en libros de texto fríos y sin alma, que no consiguen arañar más que la superficie de todo cuanto allí ocurrió.

Con una narración multifocal –de mismo modo que leímos en “Un Día de Cólera”-, desde los distintos puntos de vista de sus protagonistas anónimos, nacionales y republicanos, Arturo Pérez-Reverte aborda en “Línea de Fuego”, con la maestría a la que nos tiene acostumbrados, una de las batallas más representativas de la Guerra Civil española.  

Éste es un relato duro, sangriento, en el que el lector casi puede sentir, entre las páginas del libro, el hedor agrio a sudor que impregna las camisas sucias, de rojos y fascistas, que de noche cantan para ahuyentar el miedo y la congoja, y que nos traslada en presente y primera persona, al interior de las casas de Castellet del Segre, -en plena batalla del Ebro- entre cuyos muros, agujereados a balazos de fusiles y ametralladoras, se combate cuerpo a cuerpo, bajo el intenso calor del verano, a bayonetazo limpio y pechera descubierta, entre ruido de explosiones y proyectiles que zumban e impactan en los alrededores del pueblo.

Una batalla más, entre otras muchas, que narra la cronología de una guerra fea, como tantas más que ahí fuera se libran y se libraron, absurda y cruel, que enfrentó a familias, amigos y vecinos, no dejando más allá que el rastro pardusco de la sangre de los que jamás volvieron a casa, legando en el olvido a madres, hijos y esposas que perdieron algo más que la partida de ajedrez que sobre el tablero de España se jugó entre 1936 y 1939.

Con el estruendo de fondo de fusilería y bombas de mano que estallan acabando con unos y otros, “Línea de Fuego” nos presenta a los personajes anónimos que mataron y murieron en nombre de una idea –quien sabe si equivocada o no- que sólo algunos compartían y para la que otros no fueron más que víctimas que se vieron obligados a pelear según el bando que les reclutó el día que la sublevación contra la república de Mola y Franco les sorprendió, abriendo su panadería, regando el campo tras su casa, o yendo a por tabaco, en la zona de España equivocada.

Una novela dura, real, intensa y con nombre propio, perfectamente reflejada en la lágrima congelada en la mejilla de un niño de 3 años sin vida cuyo cuerpo ha cargado su hermano de 12 durante más de diez kilómetros, a pie y sin agua, buscando una esperanza mucho tiempo atrás perdida. 

Pero entre la nube de metralla, arena y polvo que salta tras cada explosión y lo cubre todo sin distinguir el color del uniforme ni los galones de la solapa, encontramos una historia de humanidad, hermandad y lealtad. Gente que combate, mata y muere, no por un comandante, un general, una idea o una república que para ellos nos es más que la vaga utopía de un mundo mejor que debe ganarse a costa de la sangre propia y ajena. Soldados que luchan hombro con hombro sólo por el hombre, el hijo, el padre o el camarada, que a su lado, con los ojos ahogados por el miedo, pelean con valor y honor por su vida y la de todos los que a su alrededor se han convertido en algo más que su familia. 

Camaradería, fidelidad y orgullo quedan fielmente reflejados cuando Panizo abandona a Olmos con un agujero de bala en la cabeza que apenas sangra, camino de la Harinera con un beso en la frente y un “no puedo, hermano” como única despedida para una amistad de años, vidas, forjada a fuego por el  compañerismo y el amor por quien a tu lado ha combatido por tu vida y la suya propia. 

Con “Línea de Fuego”, Arturo Pérez-Reverte baja a las trincheras de una guerra que no debió ocurrir para contarnos, muy cerca de las balas que zumban sobre nuestras propias cabezas, la bondad y la pasión de todos aquellos hombres y mujeres que allí combatieron por un propósito diferente al que comandantes, generales o comisarios políticos tenían programado. 

Lo dicho. Novelas así resultan indispensables para entender, de forma más personal, todos los capítulos arrinconados –por vergüenza o por olvido- de la más sucia historia de nuestro país, en los que hombres buenos mueren, a la fuerza y sin honor, en nombre de un ideal que pocos entienden y casi ninguno comparte. Lï

Nós

Lúcio Alex Belmonte | Secc. Expresión Literaria

Somos os nós que amamos criar. 

Somos nós, nós que criamos. 

Expomos sentimos e sabedoria, 

Guardamos silêncio em sussurros. 

Expressamos o que somos, 

Transformando-nos em nós. 

Tu me vês, nós que somos, 

Nós que dividem espaços. 

Vivemos, Alegrias…. 

Desatamos nós. 

Nós que somos, nós. 

Sem você, o eu, ficaria sem os nós, 

Com tantos nós, dá lástima. 

Digo-te! Nós somos. 

© 10/06/2015 10:58 – Lima – Peru 

NUDOS

Somos los nudos que amamos crear. 

Somos nosotros, nudos que creamos. 

Exponemos sentimientos y sabiduría, 

Guardamos silencio en susurros.

Expresamos lo que somos, 

Transformándonos en nosotros. 

Tú me ves, nosotros que somos, 

Nudos que dividen espacios.

Vivimos, Alegrías… 

Desatamos nudos. 

Nudos que somos, nosotros. 

Sin ti, el yo, quedaría sin nosotros, 

Con tantos nudos, da lástima. 

¡Te digo! Nosotros somos. 

EscritorLucioBelmonte@live.com 

https://conservativecore.net/escritorluciobelmonte

‘La ablepsia del ego’ formará parte de la V Antología Literaria Internacional de Microrrelatos Fantásticos.

‘La ablepsia del ego’ de Melanie Belmonte, formará parte de la V Antología Literaria Internacional de Microrrelatos Fantásticos Microfantasías.

Belmonte, finalista en VI Certamen Internacional Haikus Yosa Buson

Melanie Belmonte queda finalista en el VI Certamen Literario Internacional de Haikus ‘Yosa Buson’ con su obra ‘涙目砂漠’ que formará parte de Antología Internacional Haikus 2020.

Fuente: Editorial Letras Como Espada.