Desillusion | Adaptation II

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte
Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA
 
Un amor imposible; dos almas gemelas se encuentran a destiempo. Marc, -hombre cuyas ideas progresistas divergen frente a estrictos principios éticos de cuestionable moralidad-, en arduo conflicto emocional consigo mismo, es incapaz de reconocer sus verdaderos sentimientos hacia Rose -espíritu evolucionado consciente de su kármica relación-. Mantener las convenciones sociales establecidas en un entorno políticamente correcto, le autoexigirán permanecer ligado a quien lleva toda una vida a su lado. Por respeto y gratitud a su pareja y por temor a un desconcertante y turbador causal futuro si propiciase el tan anhelado y a la vez opresivo cambio vital, acabará renunciando -a través de un lacerante comportamiento-, a Rose -su verdadero gran amor-, quien en una helada y blanca noche de diciembre en plenas navidades mediante una profunda y sincera conversación con su íntima amiga Priscila, evocará una honda aflicción.
¿Qué pasó? -No lo sé. De verdad. No lo sé. Creo que me utilizó. Experto embaucador. Tejió una tela de araña. En ese momento no sentí que me estuviese engañando, no. Sentí -o quise creer- que era sincero. Se comportó como todo un caballero. Atento, detallista, tierno, cariñoso, dulce. ¿Quieres más?. Podría seguir con toda una larga lista de adjetivos. Imagino que quiso mostrarme su mejor cara. Pero no la real. Algo que siempre exigió él.
¿Entonces? -Clínex.
¿Cómo? -Usar y tirar.
Explícate. -La que necesita una explicación soy yo. ¿Cómo puede alguien cambiar radicalmente su actitud contigo?
¿Qué pasó? -Hubo relaciones. A partir de ahí, indiferencia. Ofensas. Y desprecios. Perplejidad absoluta. A mis reiteradas preguntas por no entender su comportamiento sólo obtuve deleznables y viles mentiras. Y lo peor, constatables. Creo que está claro. Pero no lo supe ver en su momento.
¿Y tú? ¿Cambiaste? -No. Seguí siendo la misma. Con la diferencia de que a partir de entonces, todo lo que venía de mí empezó a resultar molesto.
¿Qué sientes por él ? -¿Sentir? Cuando me abro a alguien, lo hago de corazón. Puedo decirte que le tuve mucho cariño. Mucho. Le consideré un buen amigo. Un amigo especial. Y fue despiadado y cruel. Al menos conmigo. Porque, salvo errores que pude cometer -y rectifiqué-, no hubo ofensa, ni desprecio, ni frialdad, ni indiferencia, ni crueldad en ningún momento por mi parte. Todo lo contrario. Reconduje para salvar esa relación hasta en los peores momentos. Tirando del carro. Y sola. Él simplemente se dejó llevar.
¿Y ahora? -Uff… me lo pones difícil. Siento que todas sus palabras fueron burdas falacias. ‘Donde dije digo, digo Diego’. Pudo ser amor. Pero realmente hablamos solo de cariño. Sí; cariño sería la palabra correcta. Porque lo que pudo ser en un principio se cortó de cuajo. Todo se transformó en… ¿odio?. Sí; odio. Hubo una época en la que sólo mostró una profunda animadversión hacia mi persona. Se ensañó. Y mucho.
Suena duro… -No sabes hasta qué punto. He llorado mares.
¿Crees que es consciente de cómo te ha tratado? -Ha habido ya dos ‘perdones’. Uno hace tiempo. Otro, recientemente. Aún así, dado que la historia se repite, quiero pensar que no es plenamente consciente de su comportamiento y del daño que hace. Si nó, no lo haría. ¿No crees?
¿Qué has significado para él? -Nada. Estoy convencida. Llámalo capricho. Una vez cumplida y satisfecha esa ilusión, me hizo sentir una molestia. Un incordio. 
¿Qué ha sido lo peor? -Todo. La frialdad. La ofensa. El desprecio. La mentira. Y a todos los niveles; como persona, como mujer, como amiga, como profesional.
¿Y qué sientes al respecto? -Échale imaginación. Obtendrás la respuesta.
La ruptura, ¿es definitiva? -Nada es definitivo en esta vida salvo la muerte. Y aún así, es cuestionable. Mira, cuando desconoces los motivos reales por los que alguien dinamita la normalización de una relación; cuando se mal piensa y se utiliza en tu contra prácticamente todo lo que dices o haces; cuando se hace uso de la falacia como respuesta al desprecio, menosprecio y negación al que se te somete, ¿qué quieres que haga?
¿Crees que ha sido injusto contigo? -Totalmente. No merezco el trato que me ha dado. Y lo sabe.
¿Te habría gustado que las cosas hubieran sido diferentes? -Por supuesto. La relación podría haberse desarrollado tal y como lo hablamos en su día. Al menos por mi parte. Siempre lo tuve claro. Pero para eso, hay que ser sincero y coherente con lo que uno piensa, dice o hace. Si el empeño que puso en interpretar negativamente cada palabra y cada gesto mío lo hubiese invertido en apreciar cada detalle, cada esfuerzo, cada acto de cariño y respeto que siempre mostré por él, todo habría sido muy diferente. Y la relación, increíble. 
¿Rencor? -Ninguno. Le sigo queriendo. Y solo deseo su felicidad.
¿Qué piensas hacer? -¿Esta vez? Nada. No me corresponde. Ya lo hice en su día por recuperar la relación cuando se rompió la primera vez; y no por mí. Esto es cosa de dos. Y si uno nunca pone de su parte, será porque no le interesa.
¿Crees que habrá una oportunidad de reconciliación? -No lo sé. Ya no depende de mí.
¿Te arrepientes de haberle conocido? -No. En absoluto. Pero para salvar una relación, el cariño debe ser mutuo. Y la predisposición, también. Si uno de los dos ni quiere ni valora al otro, no hay mucho más que hablar. Libres somos de actuar como dicte el corazón, la mente y la conciencia. Mi corazón está bien. Mi mente, en calma. Mi conciencia, tranquila. Y la lección, aprendida.
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