El peor de los pecados

MUTATIS MUTANDIS

Carmen Blanco Sanjurjo

Actriz Guionista | Colaboradora Belmonte Arte ©

 

 




Jorge Luis Borges, en su poema ‘El remordimiento’, ya lo decía:  “no hay peor pecado que no ser feliz, y pedía como castigo ante tan terrible falta, ser arrastrado y perdido sin piedad por los glaciares del olvido”. Su petición, que siempre me ha parecido una frase digna de Scarlet O´Hara, evidentemente, ha caído en saco roto. Los glaciares del olvido ni le han rozado, de hecho la lectura de este poema, ha inspirado que mi único propósito para este año, y para todos los que me restan de vida, sea intentar no cometer ese pecado.

Este año pasado se han muerto personas importantes en mi vida. Personas llenas de vida, y sus muertes han sido mazazos, que a duras penas consigo asimilar. Pero a través del dolor y del proceso de duelo, se está abriendo paso una nueva conciencia de la muerte que me permite celebrar la vida mucho más intensamente. No olvidar lo efímeras que pueden ser nuestras vidas y las de los seres que amamos nos permite dejar de lado mucha tontería.
 
En esta cultura nuestra, cada día más global y occidentalizada, apenas se habla de la muerte, vivimos de espaldas a la mortalidad, como si fuera algo que solo les pasara a otros, como si no nos fuera a pasar a nosotros, y creo que ahí precisamente radica parte de nuestra incapacidad para ser felices.
Cuando un general romano desfilaba en triunfo por las calles de Roma, tras él iba un siervo que se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana: “Memento mori” recuerda que eres mortal.

También nos recuerda nuestra naturaleza mortal una exposición magnifica, que desde el día 20 de diciembre del 2017 y durante seis meses se podrá visitar en el Museu Valencià d´Etnologia (Diputación de Valencia), ‘Imágenes de muerte’. Representaciones fotográficas de la muerte ritualizada, es una exposición que aborda la tradición del retrato de difuntos como un instrumento de memoria y recuerdo familiar, a través de más de 80 instantáneas originales datadas entre mediados del siglo XIX y los años 70 del siglo XX.
María Blanco Freire
 
En la época en que nace la fotografía, la sociedad mantenía una relación intima con la muerte. No se escondía. Los velatorios se hacían en las casas. La fotografía no era tan abundante ni estaba tan al alcance de cualquiera, y retratar a los difuntos era una práctica que buscaba conservar la última, y en ocasiones única, imagen de un ser querido. 
De mi tatarabuela Rosa, la única imagen que se conserva es de anciana, y ya difunta. 

La exposición señala la evolución tipológica y cronológica de esta práctica a través de piezas del territorio valenciano, de la costa mediterránea, junto con algunos ejemplos europeos y americanos que permiten dar, por un lado, “una visión de las particularidades de este tipo de retratos en el territorio”; pero también “las similitudes del género retratístico sea cual sea su lugar de procedencia”. También, se pretende demostrar la manera en que esa práctica se inserta en el rito funerario y adapta al paso del tiempo hasta continuar vigente en nuestros días. 

 

Celebremos la vida, teniendo presente la muerte. “Memento mori”, y a vivir que son dos días!

Fuentehttp://www.museuvalenciaetnologia.es/es/imagenesdemuerte 
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