De origen, desconocido.

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte
 
Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA
1982; sábado estival. 3:30 de la madrugada. Tengo 7 años. Estoy en casa, en mi habitación, solo. Siento frío; cuerpo intranquilo, y mente alterada. Percepciones que no fallan. Se acerca el momento. Me asomo a la ventana, -quinto piso, edificio antiguo-, y no puedo apartar la vista del firmamento; de la fuerza y el poder del plenilunio. Da comienzo el baile. Ahí están. Han vuelto. Ojiplático, disfruto del avistamiento. Majestuosidad tecnológica y visual de la que, una noche más, hacen gala. Danzan en el aire retratando figuras antes nunca vislumbradas. Abrumado y transido, dictan que debo dejarlo plasmado. Lápiz y papel; empiezo a ilustrar. Pero mi cuerpo se estremece. Oigo ruidos. Baldosas con más de 25 años de antigüedad castañetean levemente al pisarlas. Imposible a estas horas; nadie desvelado. Y me estremezco, tiemblo. Los sentidos me transportan a quiméricos mundos en los que mi corazón se sobresalta y mi mente se horroriza. Oculto y agazapado bajo las sábanas, un sudor frío recorre mi cuerpo; entro en shock. Los siento muy cerca de mí. Hay más de uno…
Abro los ojos; estoy con ellos. Nos dirigimos a la falda de una montaña. Otro continente; sí, pero no soy capaz de discernir el punto exacto en el que nos encontramos. La zona en declive se abre ante mí; su garganta interna me devora hasta el mismo centro de la Tierra. Y ahí están. ¿Elfología? No lo sé. Exultantes entidades diminutas, telepáticas, voladoras, con sus propias leyes y sistema de vida, bien conocedoras de la humanidad, -sin reciprocidad conocida-, nos protegen, nos ayudan. Como invitado me agasajan, y me instruyen. Todo un mundo de insólita y desconocida sabiduría resplandece. No estamos solos; no. Y no solo ahí fuera. Por desgracia, a estas alturas, solo exiguos detalles soy capaz de ofrecer. El paso de los años ha borrado la huella de aquellos recuerdos en el consciente; quizá, la hipnosis sería de gran ayuda. De pronto, despierto. Estoy en casa; en mi cama. Y víctima de insólito sueño, zozobra y fascinación han concebido inusitada aleación. Siento leve picazón. En el lado izquierdo de mi abdomen observo una extraña cicatriz. Veinte años después, y tras biopsia realizada, sería catalogada de ‘origen desconocido‘.

Texto: M. Belmonte
#cienciaficción

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