BLANCO. Y NEGRO.

PASAJE | DE CHINITAS 
“Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…”
Iván R. Ray | Escritor
Colaborador Belmonte  ••• | Arte

Sabemos que el hombre es libre porque cuando el mundo fue creado no había caminos. De este modo conocimos el olor de la hierba recién brotada al pisarse, la forma de las huellas en la nieve virgen y el frescor del arroyo que había que cruzar por vez primera a cada trecho. Así fue creado el mundo, y el hombre lo hizo suyo cuando al forjar uno de esos caminos halló de frente a otros hombres que se acercaban con los suyos. Y la creación, en fin, se consumó al encontrarse frente a frente dos de ellos y se dieron un abrazo grande. Luego se instaló un silencio que decidieron llamar día y después llamar noche, que es donde nos cobijamos mientras llega el amanecer temprano y se escurre el impaciente atardecer en el que querer encontrarnos.

Y luego está usted.

Luego olvidó que los caminos no están hechos para ir, sino para saber por dónde no debemos regresar. Hoy soñamos y mañana nos ponemos en marcha para que, cuando lleguemos, nos encontremos con ese sueño. En la edad sin caminos, las voces y sus palabras eran en blanco y en negro por ser todas puras porque puras eran las personas que por primera vez se adentraron en ellos. Todo camino nuevo era una equivocación para los que iban detrás, pero un pacto para el primero. Había que caminar mientras aún hubiera luz que nos recordara qué se dejaba atrás para siempre, a quién, y para qué. Se hablaba entonces en blanco y negro porque en aquellos caminos primeros no había grises, todo era atajo como se vio después, todo era tropezar a cada paso en la misma nueva piedra de siempre, la que usábamos como faro en el negro de la noche, esa piedra de tropezar que siempre iba por delante de nosotros.

El hombre empieza a morir cuando deja de buscar caminos. Muere de miedo, por el temor a que al otro lado del recoveco haya alguien que nos ofrezca el camino que ya recorrió. Y entonces regresa al lugar del que nunca partió huyendo del horizonte en el que habitan para él los demonios que no hay que despertar. Y detrás el mar.

Hay personas que hablan en blanco y negro, que su palabra es roca y su silencio cielo, y entremedio están los pasos que somos. No hay sombras en ellas, sus oídos nos hablan a la boca y no hay más que lo dicho, palabras que se lanzan al vacío y son eco una, dos, mil veces que resuenan entre desfiladeros y playas mansas, son palabras para siempre, camino indeleble como ríos que nunca abandonan su curso; nos abandonará la luz y su blanco pero sabremos que seguirán ahí, en su cauce, que son camino donde antes solo habitaba la maleza de la duda.

Hay personas que hablan en blanco y negro de los caminos que crearon, personas cuyas huellas existen antes que sus pasos. Quienes regresan de ninguna parte los llaman locos ignorando que ellos abrieron los caminos de idos.

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