Existe un Fuego

Iván R. Ray Escritor | Colaborador Belmonte Arte ©

PASAJE |DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…”

Existe un fuego del que manan todos los fuegos. Existe un fuego que purifica todos los fuegos que hemos conocido, un fuego que purifica el fuego cobarde que atemoriza a la cera y a las vírgenes, al valiente que purifica el oro y enciende el acero; un fuego que devora el fuego que fue antes, el que conocíamos, un fuego que se alimenta de las llamas que ya no serán mañana porque es un fuego nuevo y bravo, que ilumina la luz del fuego que fue; un fuego tan grande que apenas cabe en la palma de una mano para que lo acaricien, un fuego del que brotaron todos los fuegos, sí, y al que hubo entonces que ponerle un nombre de mujer para entenderlo. Es el fuego que redujo a cenizas la alquimia y a sus servidores, a los maldicientes, a los benditos, un fuego que se alimenta de cualquier otro fuego, que arranca al oro de su costra con la verdad de la mirada que solo se encuentra en los niños. Un fuego que solo existe en el Purgatorio para quienes creen en creer. Existe un fuego que abrasa sin quemar, un fuego que traspasa la seda y la piel y el estremecimiento, un fuego que da forma al alma. Es el fuego que habita entre las sábanas de los recién casados, en las miradas que se buscan cuando se encuentran entre la multitud, el de los labios que aguardarán siempre; un fuego que abrasa al fuego, que calcina sin sabernos, que late en el corazón de la tierra para que a la noche nos calentemos las manos, que mantiene vivas las estrellas que duermen al amanecer. Existe un fuego más fuerte que el mismísimo Infierno para quienes no creen en él, que nos hace hombres, que da sentido a lo que amamos, un fuego que solo existe en el Purgatorio. Existe un fuego, en fin, que somete a la zarza ardiente, un fuego que se alimenta de lo que no debe ser, de lo que sobra, de todo cuanto en verdad no somos ni debimos ser, un fuego inconmensurable que eleva sus lenguas de rojo y lava como una súplica por todo cuanto se perdió, que es azul como la muerte, y gris y sonrosado, un fuego al que podemos lanzarnos como a un mar que sonríe, un fuego que ondea sobre los mástiles ardientes a los que nos agarramos. El fuego del Purgatorio, amado, es tiempo, está hecho de la misma materia que el hombre que de él se nutre, a él se debe, en él descansa. Existe ese fuego y ese fuego somos vosotros.