SÉ TÚ EL REGALO

MUTATIS MUTANDIS

Carmen Blanco Sanjurjo | Actriz Guionista Colaboradora Belmonte  ••• | Arte

Cada año se hace me antoja más difícil evitar el contagio de la fiebre navideña. La publicidad de turrones, mariscos, lotería, juguetes, perfumes, tecnología y demás regalos tópicos empieza casi al terminar el verano y la presión social por ser feliz, celebrar y compartir alcanza cotas de hipocresía y necedad insoportables.

Foto: Carmen Blanco Sanjurjo

El mensaje básico es: vamos a ser buena gente en Navidad, a ver si de esa manera lavamos la conciencia y de esa manera nos damos licencia para ser hijos o hijas de puta el resto del año.

Después de cincuenta y seis navidades, tengo que reconocer que me siento atrapada por las redes de espumillón de este circo de tres pistas de luces y villancicos machacones. Y aunque cada año me juro que nunca más, al final vuelvo a caer en orgías de compras navideñas, y vuelvo a casa avergonzada con montañas cajas y cajas envueltas en plástico y papel de regalo.

Pero este año no. A Dios pongo por testigo, estrujando un mazapán, de que este año sí que me voy a complicar la vida, y a todo el mundo le voy a hacer el mismo regalo: Tiempo.

Pero no un Tiempo cualquiera, sino Tiempo de la mejor calidad, sin mácula de prisa y lleno de paseos, café, vino, cervezas, y abrazos, muchos abrazos (está demostrado que un buen abrazo de más de 20 segundos es mucho más eficaz que el mejor ansiolítico)

Son muchas las ventajas que tiene el Tiempo como regalo, la primera de ellas su valor, el Tiempo es un bien extremadamente escaso al alcance solo de unos pocos privilegiados, pero por si eso fuera poco el Tiempo que pasas con alguien jamás se rompe, ni se pierde, no pierde brillo, su garantía es ilimitada y no necesita más envoltorio ni lazo que la simple voluntad.

Y como me siento generosa e imbuida de espíritu navideño, además de tiempo voy a regalar cosas. Pero no cosas cualquiera, serán cosas especiales, hechas por mí, o cosas mías, porque mirando ahora mismo a mi alrededor, me he dado cuenta de que tengo demasiadas cosas (os propongo hacer este mismo ejercicio si leéis esto sentados en vuestra casa, mirad alrededor y pensad en la cantidad de cosas que tenéis para regalar) Yo no sé cómo he llegado a tener tantas cosas. No necesito ni la mitad. Y ojo, que son cosas chulas, no son cualquier cosa, me gustan mis cosas. Pero tengo demasiadas. Y las voy a regalar junto con el Tiempo a las personas que quiero. Y las voy a envolver yo misma con hojas de periódico y pondré lazos hechos de papel de revista. O con bufandas viejas, aún no sé muy bien con qué, pero lo que sí que sé es que no será con plástico.

Porque este circo alguna vez tendrá que parar y recuperar el verdadero espíritu de la Navidad.

Este año, ponte un lazo (de papel reciclado) y sé tú el regalo

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