LO QUE DEBE. El sacrificio.

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

Allá donde estén mis palabras.

¿Por qué me ahogo en el torbellino de mi pensamiento
aquí, sentado frente al quicio de la ventana,
observando impotente cómo se sacrifican
esas caras apagadas por el incesante paso del tiempo?


Maldigo la impunidad del soberano,
del que dicta y no ve,
porque cierra los ojos;
Sigamos adelante,
se acaba el día,
mañana volveré a imponer la ley,
macabro juego de la esperanza.

¿Acaso es Creonte uno de esos profetas
que desvela el camino a seguir,
el sentido único,
el que nos librará del pecado más pernicioso?

Escucha, desde aquí puedo oír al coro,
cacareando sin parar en la plaza,
repitiendo una y otra vez cantinelas
que toman por disfraz la verdad,
superfluo beneplácito de la masa;
como en un concurso donde todos aplauden
sin saber muy bien porqué
y Creonte, gran regidor de la farsa,
se acerca, mira y repite también
¡fácil es responder así!


Una nueva cara tras la ventana,
solo una más de todas
¿a quién le importa,
si no eres más que expectativa de sacrificio?
¿Quién te llorará desde aquí?
Solo el silencio te velará.

¿Y ahora qué?
¿Qué vas a hacer?

Mientras, el coro brama:
No te esfuerces,
no te impliques,
no hagas.

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