CRÓNICA: ‘Donde ella vio magia’ de Andrea Serrano Rus

Samuel Camacho 

COLABORADOR BELMONTE ••• | ARTE

Sección ‘Crónicas de acero, tinta y cuero’.

Lo sé, soy un blando. Sí, yo. Capaz de escribir escenas en las que la sangre viscosa salpicada de sesos húmedos bañan la calle donde la cara de un hombre se ha convertido en una masa informe de carne abierta y huesos destrozados, hoy me presento aquí, otra vez, para hablaros, de nuevo y sentando cátedra, del amor romántico de personas cuya fe en la humanidad está por encima de todo lo demás. 

Los escritores somos seres extraños, difíciles en ocasiones, ocupados en la búsqueda de historias, personajes y todos los finales posibles, a los que dedicamos una vida entera, inmersos entre páginas infinitas de novelas propias y ajenas que ocupan todos nuestros sueños y la mayoría de nuestras pesadillas. 

Pero hay ocasiones en las que es la historia la que se cruza en nuestro camino. Son sus personajes los que un día nos despiertan para presentarnos algo que no habíamos buscado, algo que llama con fuerza a nuestra puerta para mostrarnos un mundo diferente al que hasta ese momento habíamos vivido. 

Y eso nos pasa a todos, no sólo a los que hemos soñado desde pequeños con ser lo que hoy somos, con ver nacer de nuestras manos esa novela en la que tanto tiempo llevamos inmersos, sumidos entre sus infinitos cruces de caminos que definen con mayor o menos claridad el éxito que de todo ésto necesitamos ver brotar.

Y lo que hoy vengo a mostraros es un ejemplo claro de todo lo que aquí os cuento. “Donde ella vio magia” –editada por Círculo Rojo en 2020-, que supone el debut en la literatura de Andrea Serrano Rus, es una historia nacida del alma de alguien que necesitaba poner por escrito todo lo que su corazón le dictaba a gritos desde hacía demasiado tiempo. 

De esta extraña relación –no tan extraña para aquellos que hemos sufrido en nuestras propias carnes  sus afiladas garras- nació la historia de Micaela Harris, una adolescente acostumbrada a vivir su vida siempre en segundo plano, entre estudios, amigos y familia, con las mismas esperanzas e ilusiones que pueda tener cualquier persona de su edad, hasta que un día el destino se volvió caprichoso y su camino cambió para siempre, tratando de sumergirla –con mucho esfuerzo pero sin demasiado éxito- en un mundo de tinieblas y oscuridad, liberando monstruos y demonios tras cada estrecha callejuela que, arrastrándose mientras lucha con uñas y dientes, es capaz de recorrer.

Enmascarada tras un amor de película, lo que encontramos entre las páginas de esta novela es una historia de superación, de fe en las personas que son capaces de levantarse tras ser golpeadas de forma despiadada por una vida que cruelmente se ha cebado con ellas, sacudirse el polvo que ha quedado pegado en sus pantalones, y seguir adelante con una fuerza de voluntad que casi ninguno de nosotros seríamos capaces de encontrar.

Una de esas historias inspiradoras, tristes y duras, que nos guían a través de los oscuros caminos que muchas veces no tenemos más remedio que recorrer, pero que son capaces de iluminar, muy al final, un destino que parecía haberse torcido más de lo previsto y demasiado lejos de lo honestamente deseable.

Pero no te equivoques, ya lo hablamos antes, ésta, sobre todo, es una historia de amor, de los de para toda la vida, a pesar de los apenas 17 años que marcan a la mayoría de nuestros protagonistas de hoy: un grupo de amigos entre los que el sentido de la amistad y compañerismo está por encima de todo, y para los que ni el desamor ni las traiciones son motivo suficiente para separarse ni por un momento los unos de los otros. Un cuento de hadas moderno –brujos y reinas malvadas incluidas- en el que pronto nos sentiremos identificados con nuestra renovada cenicienta y la seguiremos, sin vacilar ni por un instante, hasta las puertas del mismísimo infierno.

“Donde ella vio magia” es una novela obligatoria para todos aquellos que en algún momento hemos atravesado un momento duro a lo largo de nuestras vidas, pues en esta historia vamos a ver reflejados la mayoría de los miedos a los que cualquiera de nosotros nos enfrentamos a diario tras cada esquina que giramos por las mañanas de camino al trabajo, tras cada recoveco que encontramos de regreso a casa por las tardes, en todos nuestros laberintos internos que nos atormentan, en sueños, cada madrugada.

Amor, superación, amistad, lealtad y los sueños de un puñado de adolescentes se mezclan con una narración ágil, viva y fresca, -algo con mucho valor en una autora novel-  que nos transporta hasta la intensa historia de la protagonista, para enseñarnos, en primera persona, que la magia de la vida está en las pequeñas cosas que vemos y vivimos todos los días. 

Con esta novela, Andrea Serrano Rus entra por sorpresa pero con fuerza y autoridad en el mundo de los libros en el que seguro le queda un largo camino que recorrer y un sinfín de historias por contar.

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