MdT: Tempus Fugit (I)

Marcos Muñoz | Periodista y Escritor
Colaborador Belmonte Arte Secc. ‘Misterios del Ministerio’

No estaba en absoluto convencida, y así se lo dijo mientras entraban en el despacho.
   – Sigo pensando -incidió Amelia- que el dilema del siciliano no tiene ningún valor lógico. Es una mera cuestión de azar.   – ¿De qué hablaban? -se interesó el subsecretario.   Julián carraspeó.   – La… ehem, “La Princesa Prometida”. Les estaba poniendo al día, culturalmente, y… uh, la vimos en la biblioteca. La tienen ustedes aquí -se escudó el enfermero.   – Un hombre de honor, ese Íñigo Montoya -declaró escuétamente Alonso de Entrerríos.   – Seguro. Les he llamado para encargarles su siguiente misión. Valencia, 1885.
   La señorita Folch creyó palidecer al escuchar la fecha, pero intentó que no se le notara.   – Eso son cinco años después del mío -afirmó con interés Amelia.   – El investigador Jaume Ferran ha desarrollado un tratamiento revolucionario contra la enfermedad azul…
   – El cólera -puso mala cara Julián al recordar el “apodo” que le daban a aquel mal sus compañeros que habían estado en África.
   – En efecto -concedió el subsecretario, poco acostumbrado a que Julián acertara las referencias más oscuras que a veces lanzaba-. Sabemos que Ferran encontró bastantes reticencias para inocular a la población, pero por lo que nos ha dicho nuestro hombre en el Ayuntamiento de Valencia, Alcira se niega en redondo a probar el remedio. Irá usted en solitario, señorita Folch, para conseguir que las pruebas sigan adelante: como ha dicho usted, es su época y debería desenvolverse perfectamente.   – ¿Es una enfermedad grave, esa “cólera”? -inquirió Alonso.   – Cierto, usted no la conoce: no llegó a Europa hasta 1827. Muy grave: a finales del XIX hubo unos cuantes brotes virulentos en este país. Diarreas, fiebres… con el tiempo, la muerte. El trabajo del Doctor Ferran fue clave para poder erradicar la enfermedad, no sólo en España. Miles de personas que se salvaron podrían morir a causa de esta reticencia, y eso sería catastrófico para los años que seguirían. Cuando ingresaron en el Ministerio todos ustedes fueron tratados para que no puedan contagiar a nadie de las posibles enfermedades que lleven desde el siglo XXI a los anteriores, y viceversa. Están ustedes protegidos.   – Pero ella sola… -dudó Alonso.   – Es necesario: a ustedes dos les necesito en otra parte… y en otro momento. León, 1476: ya han cumplido suficientes misiones como para poder afrontar una de reclutamiento.   – ¿Y a quién tenemos que reclutar en 1476? -preguntó Julián-. Eso es antes que se fundara el Ministerio.   – Correcto, y por eso nuestra infraestructura allí es más delicada. Deben tratar de reclutar al Caballero Oliveros, una personalidad incomparable que puede ser un gran agente para nosotros. El Ministerio de 1750 ya intentó aproximarse a Oliveros, pero aquello salió mal, nuestros agentes fueron descubiertos por las tropas en conflicto y hubo que clausurar la Puerta. Hasta ahora no hemos vuelto a tener otra en posición, y el tiempo para utilizarla se nos acaba.   – ¿Por qué?   – 1476 es cuando la leyenda dice que el Caballero Oliveros murió, a manos de una panda de bandidos, tras volver de la guerra con la comendación del rey y varias prebendas para su pueblo. Pero no es una fuente fiable al 100%: si conseguimos convencer a Oliveros de que se una al Ministerio podríamos usar su supuesta muerte como la perfecta vía de escape para que pase a engrosar nuestras filas. En los dossieres tienen toda la información para sus respectivas misiones, las puertas de acceso y los contactos al otro lado. Señores, señorita: buena suerte.
   Amelia y Julián salieron del despacho pensativos, hojeando las carpetas con la información, los datos y los mapas de situación. Era la primera vez que los separaban en misiones distintas, y no las tenían todas consigo. Bueno, en realidad, como siempre.
   – Estaré bien -dijo Amelia, pensando ya en cómo iba a afrontar la tarea de convencer a un pueblo de que se dejara inocular.   – Algo he oído decir de ese Caballero Oliveros, en mi tiempo -dijo con orgullo Alonso-. Se le sigue mentando como un ejemplo de nobleza y valor. Será un gran triunfo si lo unimos a nuestra causa.Julián leyó algo que le hizo aflorar una sonrisa divertida en los labios. ¡Qué gracioso el subsecretario!:   – No sé yo si te vas a llevar muy bien con él.   – ¿Y por qué no?   – Porque el tal Caballero Oliveros en realidad se llama Juana.


* * * * * * * * * *


   Por una vez, Amelia Folch pensaba que no tendría que cambiarse de ropa, pero le volvió a tocar vestirse de monja, algo que no le gustaba especialmente. Emergió en un despacho pequeño, donde la esperaba un hombre menudo con bigote pequeño y recurvado.
   – ¿Señorita Folch? Soy Vicenç Soler, agregado del Ministerio y vicesecretario del alcalde de Valencia, don Josep Maria Ruiz de Lihory. Él no está al tanto del Ministerio, como tampoco el Doctor Ferran. A todos los efectos usted será una enviada de las Franciscanas con experiencia en misiones en África. Esperemos que con Dios de nuestra parte los alcireños se dejen vacunar, porque si no lo vamos a pasar mal…
   – ¿Hay muchos casos?
   – Es una epidemia, señorita -Soler parecía realmente acongojado y se aflojaba a menudo el nudo del corbatín, como si sintiera una aprensión natural por el aire mismo que le rodeaba, como si el cólera fuera contagiable por el mero hecho de pensar en él-. Le presentaré al Doctor.

   Salieron por otra puerta y atravesaron un largo y tortuoso pasillo hasta llegar a una salita que recorría una y otra vez de parte a parte un hombre de unos 35 años, que más que esperar, desesperaba. Lucía barba y bigote, como era costumbre, y una incipiente calvicie que llegaba demasiado pronto. Sujetaba con fuerza el asa de un abombado maletín de médico. Cuando prestaba atención a algo, entornaba la mirada, y así es como recibió a Amelia.
   – ¿Y usted quién es?
   Vicenç Soler estuvo a punto de hacer las presentaciones, pero ella se le adelantó.
   – Doctor Ferran, está es…
   – Hermana Folch, un placer. Leí su Memoria sobre el parasitismo bacteriano del año pasado, me parece que es usted la autoridad que la situación requiere.
   La expresión del Doctor cambió, sorprendido por la reacción de la joven monja. Amelia suponía lo que pasaba por su cabeza: un hombre de ciencia al que obligaban a viajar con una religiosa y que ya había empezado a temer que le reprocharía su acercamiento racional a los males del diablo. En favor del científico hay que decir que se rehizo pronto, y le respondió con una breve inclinación.
   – Esto que pasa ahora en Valencia ha pasado antes en Europa, y en la India es un mal endémico.Yo lo vi en Marsella, hace un año, y allí el cólera fue devastador. Coincido con Herr Koch que el transmisor de la enfermedad es una bacteria, y creo que he aislado el bacilo y reducido su fortaleza -palmeó el maletín-. Si lo inyectamos a personas sanas las inmunizaremos, no podrán enfermar de verdad.
   A la propia Amelia le había parecido imposible aquello cuando les pusieron las… ¿vacunas? en el Ministerio. Pero parecía que funcionaba correctamente. El Doctor Ferran era un pionero en aquella técnica, y si conseguía su propósito iba a salvar a decenas, y tras ellos cientos y miles de personas.
   – Confío plenamente en usted, Doctor -dijo con una firmeza rayana a la devoción-. En África hemos visto casos de niños, mujeres y ancianos que se consumen.
   – ¿Qué enfermedades han tratado en su misión, concretamente?
   Detectando que era el momento para ello, Vicenç Soler intervino:
   – ¿Quieren hablar con el alcalde?
   – No será de ninguna utilidad. Sólo perderíamos el tiempo con el intercambio de telegramas.
   – ¿Entonces?
   – Vayamos directamente a Alcira: es la población ideal para empezar a probar la vacuna. Cuando lleguemos allí ya convenceremos a la gente o a las autoridades directamente.
   Sin estar muy seguro de lo que hacía, Soler les condujo por el laberinto de pasillos hasta la entrada principal del Ayuntamiento. Ante la puerta esperaban dos diligencias y el funcionario se fue a hablar con el conductor de la primera. Desde las escaleras, Amelia y Ferran no alcanzaban a escuchar lo que se decían, pero sí vieron que Soler gesticulaba cada vez más, y se iba enrojeciendo conforme la discusión avanzaba. Finalmente, regresó con ellos, resoplando:
   – Podrán llegar hasta Alcira. Ésta se dirigía a Barcelona pero la he requisado. Como están las cosas, sin permiso no podría salir, igualmente. Aún -dudó- aún está ocupada. Un caballero llegado desde Madrid, alguna clase de diplomático por lo que he podido inquirir -la realidad de lo que acababa de hacer se iba abriendo paso progresivamente en su panorama personal, y otra vez empezó a sentir aquella opresión que le forzaba a aflojarse el cuello-. Tengan, el salvoconducto -Amelia se adelantó a recogerlo pero se detuvo y cambió el gesto para ofrecerselo al Doctor-. Sin esto no les dejarían circular y les harían darse la vuelta en el primer control. Tengan suerte.

   Subieron a la diligencia, y partieron enseguida hacia el sur. El distinguido caballero que llevaba como único pasajero original (chaqué, levita, sombrero de copa… no le faltaba detalle) llevaba los brazos cruzados sobre el pecho, mostrando su enfado por semejante atropello, y tardó un poco en abrir boca. Aproximadamente hasta que se dio cuenta del maletín que llevaba el Doctor.
   – ¿Médico? -preguntó entonces-. De alguien afortunado, si le envían a un galeno y a una novicia desde el mismísimo ayuntamiento. Suerte tienen algunos de estar tan bien situados.
   – Mi deber no es curar sólo a uno, señor mío, sino a muchos. Si se dejan.
   – ¿No quieren curarse?
   – No saben que quieren. Doctor Jaume Ferran y Clua.
   – Enrique Gaspar y Rimbau, he sido cónsul en China, pero ya me he cansado de aquellos pagos -los dos prohombres se dieron la mano con firmeza-. ¡Cochero! Vaya tan rápido como pueda: aquí hay uno de los pocos que piensa en los muchos.
   Al pasar el puente, se cruzaron con un tranvía tirado por caballos. A Amelia le molestaba que no le prestaran ninguna atención, pero si aquellos dos se llevaban bien, el viaje sería más fácil. Su mirada se perdió un instante hacia el Norte, en la dirección que estaba Barcelona, y donde ella, en aquel 1885…
   En el pescante de la diligencia, el cochero mascullaba algo en latín. No estaba nada contento con el giro que estaba tomando aquello, y lo que prometía ser un golpe fácil, de repente se complicaba con un médico y una sacerdotisa. Iba a necesitar refuerzos, para asegurar la cuestión. Se retorció con nerviosismo el anillo que llevaba en la mano derecha, donde una torre verde rodeada de nubes se recortaba contra un cielo rojo.

 (CONTINUARÁ…) 

[Reseña] 14 Microrrelatos fantásticos y otros relatos | Mark Debrest

Reseña de Melanie Belmonte para Penguin Random House

EDITORIAL: Caligrama

MATERIA: Ficción contemporánea

ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda con solapas o eBook

Nº PÁGINAS: 120

DIMENSIONES: 152 x 228 mm.

FECHA PUBLICACIÓN: 15-06-2019

Disponiendo el lector de absoluta libertad para formarse su propia opinión, obras como 14 Microrrelatos fantásticos y otros relatos destacan por estar en posesión de ingredientes lo suficientemente importantes como para que se ansíe devorarlas página a página.

El elemento fantástico, entremezclado con el misterio, el suspense y el miedo bien podrían haberme llevado a otra conclusión, sin embargo, la realidad es que no siempre sucumbimos al estilo literario de un autor, ni a su naturaleza sintáctica, ni a su ritmo fonético. No siempre conectamos con el tono de la prosa, ni con la progresión de su ritmo narrativo, ni con las emociones que los personajes intentan transmitir en la obra de ficción. Y éste ha sido mi caso con 14 Microrrelatos fantásticos y otros relatos.

Respetando el pensamiento convergente y divergente de Mark Debrest, estamos ante una obra sobria, directa, caracterizada por el abundante diálogo y las pocas descripciones. Una obra que presenta un estilo “sosegado pero con ritmo” (palabras del propio autor), y que rechazando cualquier recurso literario marcado por la ornamentación, huye de todo aquello que no aporta nada consistente a las tramas de sus personajes (niños, jóvenes y muy especialmente, ancianos).

SINOPSIS

14 Microrrelatos fantásticos y otros relatos, es un conjunto de microrrelatos tristes y divertidos donde encontramos dos narraciones en las que Debrest, utiliza como nexo de unión, dos misteriosos juegos de cartas, uno con la baraja española y el otro con la francesa, y que son un pequeño homenaje a su abuela materna, a sus hermanas y a toda una generación que ya no existe.

Mark Debrest nació en Barcelona en 1965, donde reside actualmente. La música —trabaja en una prestigiosa Escuela de Música— y literatura han sido sus dos grandes pasiones, sobre todo la literatura de autores ingleses y americanos como Dickens, las hermanas Brontë, Edgar Allan Poe, Sir Arthur Conan Doyle y Daphne Du Maurier. Sin olvidar la gran escritora de novelas de misterio Agatha Christie. En 2013 creó un blog donde ha publicado parte de su obra. En 2018 publicó dos libros: «Las muñecas: tres narraciones breves fantásticas» y «Soledades: cuatro narraciones breves fantásticas».

Fuentes:

Caligrama | https://www.caligramaeditorial.com/entrevista-a-mark-debrest/

Portada Libro & Datos Técnicos | Megustaleer https://www.megustaleer.com/libros/14-microrrelatos-fantsticos-y-otros-relatos/MES-113051

[Reseña] El olor de la hierba después de la lluvia | Patrick Jacquemin

Reseña de Melanie Belmonte para Penguin Random House

Título: El olor de la hierba después de la lluvia.

Autor: Patrick Jacquemin

Sello: GRIJALBO

Fecha publicación: 09/2019

Idioma: Español

Formato, páginas: eBook, 200

Temáticas: Literatura contemporánea

Colección: Grijalbo Narrativa

Edad recomendada: Adultos

El olor de la hierba después de la lluvia invita a reflexionar sobre la vida, su sentido y su propósito. Frente a una realidad material que cumple con los cánones establecidos y requisitos exigidos que la civilización occidental estima como esenciales (éxito laboral, reconocimiento, riqueza…), cualquier persona puede ser víctima de una profunda crisis existencial; de un enorme vacío interior.

El autor ahonda una dimensión antagónica de valores, tradiciones, creencias y vivencias a través de sus personajes principales,  Annabelle DumasGeorges Lesage, los cuales vivirán una experiencia vital trascendental de la mano de la sabiduría natural.

Mediante diálogos amenos, -cuya mayor riqueza reside en un subtexto de ideas, emociones y profundos cuestionamientos vitales sobre los símbolos de autorrealización personal-, en “un mundo enfermo de la cultura del ‘siempre más'” donde uno tiene “los sentidos atrofiados y la sensibilidad mermada (…)“, se enfatiza la enseñanza de que el éxito en la vida, en ocasiones, reside en salir de la zona de confort y vivir según los dictámenes del corazón para abrazar a una nueva realidad que conduce a la verdadera felicidad.

SINOPSIS

Una novela inspiradora que invita a abrazar la naturaleza para conectar con nosotros mismos.

Existe un camino para alcanzar la felicidad, un sendero por el que caminarás descalza sobre la tierra mojada, un atajo que descubrirás mientras pasas las páginas de este libro y aprendes a escuchar los secretos que susurran las flores.

La vida parece sonreír a Annabelle, una brillante empresaria de cuarenta años. Sin embargo, un día se da cuenta de que su existencia gravita entorno a su éxito profesional. De repente, se siente asfixiada y necesita airearse. Su mente le pide que huya unos días de París y se aleje de la oficina, de su familia y, sobre todo, de esa tristeza que le acecha en las noches de insomnio.

En su cabeza aparece entonces la imagen de un pueblo tranquilo, casi abandonado, en medio del campo. Annabelle lo reconoce: se trata del lugar donde nació. Los recuerdos son agradables y siente unas ganas irrefrenables de volver a ver aquellos bellos paisajes. Anhela rozar con la yema de los dedos la hierba, pasear entre los campos rojos de amapolas, embriagarse del aroma de las flores…, en definitiva: disfrutar de la naturaleza y de la harmonía más pura.

Durante este viaje, Annabelle conoce a George, un sabio campesino que vive a otro ritmo, el de las estaciones. Lejos del estrés de la ciudad, Annabelle se deja aconsejar por él y aprende a escuchar los extraordinarios secretos que le susurra la naturaleza. Siente que por fin ha conectado con su voz interior, sin embargo, ahora empieza el verdadero reto, aplicar todas esas enseñanzas a su vida cotidiana.

Patrick Jacquemin es cofundador y ex CEO de la compañía Rue du commerce. En 2012 decidió dejar el mundo empresarial para dedicar su tiempo a la escritura, convirtiéndose en autor a los 57 años y a la protección de los animales salvajes. Escribió El olor de la hierba después de la lluvia basándose en su propia experiencia para volcar el cambio transcendental en su filosofía de vida que le había llevado a escuchar los dictados de la naturaleza. En 2015 se autopublicó la novela y cosechó grandes éxitos.

El libro cuenta la historia de Annabelle, una brillante empresaria que, después de un agotamiento, redescubre la naturaleza y su verdadera personalidad: “Siempre escribí poesía, incluso cuando era CEO, dice el autor. Annabelle, soy un poco yo. Quería hablar sobre mi relación con el campo y la libertad de ser quienes somos. Al final de mi experiencia en Rueducommerce.com, me preguntaba cuál era el uso de lo que estaba haciendo”.

Ante una crisis existencial, el empresario decide, en 2009, poner fin a esta aventura de diez años. Dos años después, vendió sus acciones de la compañía, casi el 9%. En ese momento, la compañía pesa 380 millones de euros en facturación anual. En otras palabras, ahora puede vivir de sus ingresos (…). Y dedicarse a sus dos pasiones: la escritura y la vida salvaje. Amante de la naturaleza, actualmente, está trabajando en una nueva novela, Black Rhino, que hablará sobre la caza furtiva en África.

Fuentes:

Portada Libro & Datos Técnicos & Biografía Autor | Megustaleer https://www.megustaleer.mx/libros/el-olor-de-la-hierba-despus-de-la-lluvia/MES-104244

Biografía Autor | Le Parisien Par Benoît Franquebalme (Le 11 juin 2018 à 17h38) http://www.leparisien.fr/culture-loisirs/livres/nouveau-depart-pour-patrick-jacquemin-cofondateur-de-rueducommerce-com-11-06-2018-7757208.php

Robin Write and Melanie Belmonte: Femme Filmmakers Festival 2019 is a resounding success.

Femme Filmmakers Festival 2019 (from 20th to 29th September) definitely is being a resounding success. Melanie Belmonte, General Delegate and Member of the International Femme Filmmakers Festival Organizing Committee 2019, wants to thank everyone who took part in the Festival this year, particularly , Robin Write -Director of Festival- for great work done.

FemmeFilmFest Interview: Molly McGlynn and Mary Goes Round
FemmeFilmFest Interview: Claire Fowler Talks to Filmotomy about her Wondrous Short Film ‘Salam’
FemmeFilmFest Interview: Family Portrait Director Kelly Holmes on Being a Filmmaker, Period Pieces, and Collaboration
Filmotomy Podcast 87: Hyphen Short Film Director, Maria Servellon, and Composer, Monica Lyrae, at FemmeFilmFest
Femme Filmmakers Festival Director | Robin Write
Femme Filmmakers General Delegate | Melanie Belmonte
Femme Filmmakers Festival 2019 – The Full Short and Feature Film Line-Up is Here
FemmeFilmFest Review: Official Selection – Earth • People • Words (Dayna Reggero)

FemmeFilmFest Review: Maegan Houang’s in competition short In Full Bloom
Reading, Writing, Arithmetic #36: Agnès Varda’s La Pointe Courte at FemmeFilmFest
FemmeFilmFest Review: The Exquisite Family Portrait from Director Kelly Holmes
FemmeFilmFest: Short Animation ‘Sour’ directed by Daniela Sherer

Firstly, thank you to Melanie Belmonte, the Femme Filmmakers Festival Delegate, who was a huge part of selecting these films. And boy, was it tough. Finding just 20 short films for the official selection from countless, excellent films was tricky business.

So, as well as those 20 shorts, speed across the 10 days of the online festival, are 23 feature films and a bunch of out of competition shorts. Our plan is, of course, to showcase all of these films – be it with streaming info, reviews, interviews, podcast appearances and discussions, extensive promotional activities etc.

Take at look at what’s on offer, and make sure your diary is clear from 20th to 29th September.

By ROBIN WRITE | Femme Filmmakers Festival Director

Abbey Road sigue ahí

Alfonso Vinuesa ••• | Escritor. Coordinador Cultura Ayto. Móstoles (Madrid)

Abbey Road sigue ahí.
El sargento Pepper canta A day in the life.
Lucy, mientras, contonea el cielo con el movimiento sinuoso de su cuerpo,
sonríe y lanza un beso.

Brian fotografía una y otra vez a los cuatro de beatleland.
Busca sombras pero, ah, hombre elegante, solo encontrarás luz.
Abbey Road sigue ahí
y eso nunca lo podrás cambiar.

Ya no somos figuras de cera
en el circo pop de los sueños de las emociones.
Ringo susurra, nadie le escucha.
Pete, detrás del árbol, vigila.
¿Alguien sabe quién es Pete?  
Paul y John tararean su próximo viaje sonoro psicodélico.

Abbey Road sigue ahí. 
John esboza una sonrisa, se detiene.
Para la comitiva antes de terminar la travesía por el paso de cebra,
que es el camino de sus vidas,
el camino de todas nuestras vidas.
Retira de su larga nariz las gafas redondas y, desde esa barba poblada, canosa,
mira hacia arriba.
¿Aún seguimos siendo más importantes? Paul sonríe
Jesús es ahora nuestro productor

Abbey Road sigue ahí
Es tan solo un día en nuestras vidas

‘Metafísica’ del director Sandro Hernández con producción ejecutiva de Melanie Belmonte.

Metafísica cuenta la historia de Alex, un joven de 28 años, que intenta seguir adelante con su vida mientras reflexiona sobre su pasado, 157 días después de su última ruptura sentimental.

En la recta final de postproducción, tenemos la alegría de presentaros el Póster Oficial de Metafísica. El tema ‘Tonto Amor‘, primer single del nuevo álbum de la reconocida banda peruana ‘Los Drugos‘: Back all Black formará parte del soundtrack oficial de Metafísica.


Director y Guionista | Sandro Hernández.
Productora Ejecutiva | Melanie Belmonte

IMDb:https://www.imdb.com/title/tt10230084/fullcredits…

La conciencia y la hormiga

Entre senderos polvorientos, llenos de piedras y almas al viento, emprendí un largo y profundo viaje por el interior de mi psique. En busca de coherencia, consistencia y conciencia social, a sabiendas de que no sería fácil sortear cortejos de presión y sobreexplotación habitual, decidí abrir la mente, estimular sentidos y emprender caminos hacia nuevas realidades erguidas y contrapuestas a aquellas conocidas como artificiales. Realidades en ocasiones sometidas a densas transformaciones de escepticismo global, donde el humanismo socrático bajo el paraguas de la inteligencia emocional y la responsabilidad terrenal, hallarían en mi interior el adagio filosófico de Aristóteles; ‘el obrar sigue al ser’.

Por el camino, durante el intenso periplo hacia el logro de una atención plena subyacente en cada rincón de la naturaleza, coincidí con mi guía espiritual-medioambiental; sencilla y poderosa, de implacable disciplina y fortaleza, y de enorme importancia en nuestro ecosistema natural. Una formícida a la que llaman hormiga; una amiga, de ancestral modo de vida y vasta sabiduría axial.

Autora | Melanie Belmonte

#viajessostenibles

Calles vacías

PASAJE |DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…” Iván R. Ray
Escritor | Colaborador Belmonte  ••• | Arte

El entramado de calles es la huella dactilar que deja el hombre sobre cada tierra. Y es en ella, desde el corazón de cada casa, de donde subimos por sus arterias a la mañana, da igual la hora que sea, o no, de la noche, y regresamos por sus venas cada vez que amanece a plena luna del día. Las calles vacías están hechas para contar adoquines que nunca encajan del todo, y en ellas el número de cada casa es el número de un capítulo del libro que alguien protagoniza en nuestra vida al morir. En la ciudad perfecta, se diría, cada quien puede elegir el número de la casa que habita. En las calles vacías el territorio más lejano para cualquier aventurero es la casa de al lado, la última frontera es la puerta del vecino, su jardín, donde rezongan los dragones y somos nosotros quienes vivimos debajo de las camas de los demonios y sus fantasmas. Porque la casa del vecino alberga todo lo que llenan las calles que ahora están vacías.

En las calles vacías se saca a descansar al sol con correa, y se invita a la luna a brindar entrechocando biznagas. Las calles, cuando vacías, tienen el viento de proa, son el viejo obturador de réflex abierto que solo captura aceras y balcones en las que ondean las banderas de sus gentes y sus gestas tendidas a secar. Por las calles vacías las avenidas pasean atestadas de almas que pasaron simulando no ser vistas, son las calles en las que el parpadeo de la cotidianidad hace parecer que por un instante no hay nadie, lo que dura ese cerrar y abrir de ojos con la esperanza de seguir vivos al volver a no ver. Las calles vacías de cualquier ciudad son el lugar que limitan al norte con el infinito del cielo, y al otro lado el mar y el paso de vencejos y gorriones, ahí donde cabe todo lo que ansiamos. En las calles vacías nosotros somos el eco, y ella un árbol que se ha despojado de las hojas, un campo segado, una playa cuando sale el sol de mañana.

Las calles vacías de las ciudades fueron hechas por gigantes que doblaron sus esquinas con sus propias manos para que entre sus muros de sueños cupieran todos nuestros pasos y, al alba, se vistan de virgen para aquel primer hombre que la pisa a la mañana con la llave de sus ojos preñados de aquella que amó. Entonces la voz se atenúa en sus aceras, la luz se hace susurro y en los callejones las paredes se besan mientras al oído hablan de nosotros entre ellas palabras que serán lluvia algún día, y mientras llega la mañana la ciudad se peina sus calles, se aplaca las arrugas de sus aceras, se pinta de carmín sus bancos, y sus portales, y los maullidos. Una calle vacía es la capital de todos los reinos.

Entonces usted cruza la acera y desaparece, y la calle, antes vacía, vuelve a bullir atestada de viandantes. Siempre lo estuvo, pero no existían. Ni importaban.