MARÍA JOSÉ (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

Vivo entre lo que tengo que decirte 

y lo que tuve que dejarte dicho antes de que te fueras.

Si cierro los ojos, veo tu luz

inundando un mar de calma y paciencia. 

Si te ofrezco mi abrazo, tu calidez me mata la angustia 

con un disparo firme y certero. 

¿Espejismos, tal vez?

Trazos lejanos de una vida ajena a nosotros

que solo regresa a mofarse de aquellas caricias que nunca nos brindamos.

De aquellas frases que nunca repetimos al azar. 

Un océano de buenas intenciones que ya no son suficientes,

esperando el día en el que las aves dejen de volar

para prometerte que nunca volveré a darte un beso que no sienta. 

¿Recuerdas quienes fuimos antes de que la vida nos dictase quienes teníamos que ser?

‘Antípodas’ (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

La única historia que importaba no existe ya.

Atrapado en bucles infinitos de quince segundos, intento encontrarle un sentido
a la vida que dejo atrás.

Sin éxito, sin piedad.

Merodeando entre la ventisca de los días que pasan, infelices y despreocupados,
atisbo una lejana esperanza que se me escapa y confunde. Que me miente y ensalza.

Resuena mi nombre en el silencio de un sollozo y entiendo que es tiempo otra vez.
De buscar la historia.

De perder mi identidad.
Hagamos de nuevo el truco aquel en el que me golpeas y no me duele.

‘Diagrama’ (Poemario ‘CuarenTenaz)

Sandro Hernández | Secc. “Jirón Soledad”

Ya no tengo ningún ‘like’ para ti.
Si mis palabras no logran alcanzarte,
¿por qué lo harían unas muestras absurdas
de autocomplacencia a un ego vacío?


Tu mirada no me llena y tu sonrisa no me basta.
Tus posturas impostadas adueñándote de un objetivo
resuenan lejanas en los ecos de mi alma.


No eres real. Ya no.


En el silencio de tus monosílabos
me pierdo, me encuentro y repito.
En el ocaso de tus recuerdos
me marchito y me inmolo, deseoso de que una palabra
acabe con este letargo.


Mas no llegará.
Ni el último susurro de la noche
conseguirá acercarme a tus pensamientos.
Y mientras contabilizas las mentes infalibles
que te veneran detrás de una pantalla,
no caerás en la cuenta de aquel que falta.

Insulso. Trepidante.