‘A Claudia’ y ‘La sonrisa de Alicia’ por Alfonso Vinuesa.

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

A Claudia

Cómo ser sin ti

¿Cómo poder vivir sin tí?

¿Cómo imaginar tu sonrisa 

sin haberla visto nunca? 

¿Cómo serían mis recuerdos 

si no te hubiera arropado por la noche 

y, juntos, cerrar los ojos, 

compartiendo la alegría y los sueños 

que nos abrazaban por las noches 

y nos daban luz por la mañana?

¿Cómo podría querer 

si tú no hubieras sido mi vida? 

Me convertiría en un ladrón de palabras 

y, seguramente,  

habría desterrado del cajón 

el significado del amor, 

para que nadie pudiese sentir 

lo que yo jamás tendría en mi corazón. 

Pues, si tú existes, 

no eres parte de mí. 

Porque yo soy tú 

y tú navegas en mi interior. 

Porque no puedo percibir solo una parte, 

porque el todo es sentir, 

como se siente de verdad

y el amor se tiene o no se tiene. 

Porque el mundo nunca se hizo por mitades, 

porque una hora no se queda en el minuto 27,

pues el tiempo y la distancia, para nosotros, 

son solo espuma del mar.

La sonrisa de Alicia

Con el alma de color música, 

así como se mira un cuadro 

que inspira verdad, alma pura, 

fuente de una segura belleza 

que trasforma el claroscuro

en un paisaje de van Gogh,  

ocre y amarillo, luz reluciente, 

trazos grandes, pincel grueso,

como los latidos de su corazón.

La sonrisa de Alicia se contagia,  

la ilusión convertida en arte 

y una mirada que mece y acaricia, 

llena la mente de un recuerdo 

que es ayer, pero también es hoy. 

Aún puedo rememorar esas largas noches 

en las que nos acurrucábamos, 

abrazados, juntos, 

como si fuéramos uno;

la sonrisa de Alicia se tornaba amor 

y  mientras los ojos se esforzaban, 

de forma desesperada, 

luchando por seguir aún abiertos,

apenas unos minutos, 

unos segundos;

a mis oídos, dulcemente, 

llegaba un te quiero 

y la sonrisa de Alicia 

se multiplicaba por dos.

Tu sonrisa,  mi sonrisa.

SILENCIOS

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

Hay silencios que me abrasan

que me rompen el alma

hay silencios infinitos,

silencios breves, silencios eternos.

Silencios que son vida,

Silencios que abrazan,

silencios divertidos,

que atrapan sin remedio,

que pasan el tiempo sonriendo.

Hay silencios que vuelan

que van de cabeza en cabeza

y las cabezas callan

porque no saben bien qué decir.

Hay silencios que hielan,

que cumplen su misión;

son los silencios del que no habla

porque no quiere,

porque busca y no encuentra.

Silencios premeditados que hieren en lo más profundo.

Hay silencios estúpidos,

porque no entienden,

porque son cárceles autoimpuestas

y cuando uno se queda solo,

la puerta se cierra

y el resto del mundo calla, guarda silencio.

Hay silencios que agonizan

esperando la última palabra;

un ruido,

un suspiro,

el último aliento del que va morir.

Hay silencios que no son silencios

porque son palabras vacías,

que no dicen nada

cajas huecas en cuerpos inertes,

desiertos superficiales en mentes inocuas.

La vida es silencio,

interrumpido por palabras

y a veces el silencio se enfada,

porque la palabra es gris oscuro

y lleva disonancias a oídos sordos.

Hay silencios que son de ti para mí

y de mi para nadie.

Son silencios que se clavan

cuando yo no y tú sí,

cuando nosotros no es más que una ilusión,

cuando el amor no fluye

y las palabras son un vago sueño,

el recuerdo de nuestra última noche.

Hay silencios que son declaraciones,

el preámbulo de la guerra que está por venir,

silencios que preceden gritos,

guerras cotidianas procedentes de silencios rotos;

como la rama que se desprende,

como tú, como yo.

Hay silencios que son el Eros y el Thanatos,

la cara A y la cara B del Jazz;

amor en estado puro,

silencios que dejan sin palabras

porque es mejor no hablar

cuando callan las miradas.

A veces luz,

a veces noche

otras veces eclipse perturbadora, hipnótica, trascendente.

Almas que callan por no dañar,

silencios que abren consciencias,

el silencio de mi boca al verte.

La máscara

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

Somos máscara,
sombras del pasado no vivido,
apariencias encerradas en emociones,
un letrero que dice “no juzgar”

Un perfume barato,
para camuflar los rumores de la fiesta; caras sonrientes,
miradas inocuas,
lazos rojos en cajas vacías
y un dibujo por hacer en un caballete
sin alma
sin vida.

¿Qué habrás hecho para meterte ahí?

Somos máscara,
el Kabuto del samurai.
No me hagas salir ahí afuera,
si lo quieres, debes entrar y verme a mí.

Aún soy una canción por componer,
un me gusta en facebook,
el secreto mejor guardado de Pulcinella.
Hablar hablar y hablar
y quedarme en el refugio,
porque somos máscara
y llevamos tatuado en el pecho
no me abrirás jamás. 

Mi cuerpo

Alfonso Vinuesa Canseco | Escritor

Mi cuerpo es ruido.

Mi alma son besos soñados por la noche, la espuma de las olas

cuando, 

en la orilla, 

dejan tras de sí pedazos insignificantes del mar. 


Para que tú lo tengas, 

para ser parte de tí.


Mi cuerpo es mi vida, 

porque en él escribo cada una de mis palabras 

y recojo la siembra de mi cosecha. 


A veces luz. 

A veces corazón roto. 


Otras veces, el dulce paladar de tu sabor a fruta.

Y siento cómo tu esencia entra por mi cuerpo;

entonces, tú eres yo

y yo somos nosotros. 


Mi cuerpo es mi verdad, 

mi cosmos, 

mis legañas por la mañana, 

mi curva de la felicidad. 

Sobre él dibujo lo que es 

y lo que debe ser. 

La cornisa de la ventana 

donde se apoya el pájaro, cansado, 

en su camino hacia todas partes. 


Dime tú, que tanto me quieres, 

dímelo hoy, aquí sentados. 

Si amas la libertad, 

¿acaso no lo ves? 

Mi cuerpo, mi decisión.