Inauguración

Alfonso Vinuesa ••• | Escritor. Concejal Adj. Cultura Ayto. Móstoles (Madrid)

Colaborador Belmonte Arte Secc. Poemas con calzador


Quedan inaugurados los abrazos, 
tocar timbres para llamar al deseo.
Quedan inaugurados los sueños, los viajes infinitos, exposiciones del alma;
Viveros de los recuerdos, loca arqueología del ser,
sin llegar a ser mañana.
Quedan inaugurados los equívocos, 
correr como niños por la arena quemada;
descargar el programa, 
no leer el prospecto, 
decir adiós, ojalá te vuelva a ver esta semana.
Inauguramos hoy la ansiedad,
mon petite trauma,
fotografía infeliz de la nada.
Cabaret de los sentimientos 
y, de maestro de ceremonias, enfermiza sana.
Queda inaugurada la vida,
el arte, Cádiz cuando se levanta,
las tortas de chocolate
y mil arbustos, con un letrero que diga:
Me encanta
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Al mal tiempo, buena cara

TINTA NEGRA Marc Zaragoza
Director de Cine | Colaborador Belmonte  ••• | Arte

Marc Zaragoza ••• | Director Cine Escritor Fotógrafo | Colaborador Belmonte Arte Secc. Tinta Negra; Ambientales

Actualmente, estamos viviendo en una sociedad tormentosa. La gente dice que estamos progresando. No veo el progreso por ningún lado; solo veo lluvia de malas acciones y palabras que se las lleva un fuerte viento.

Ahora, toca analizar todo lo que estamos viendo. Y es hora de hacernos una autocrítica de cómo vemos a la población. Y sobre todo , cómo nos vemos a nosotros mismos; pieza fundamental.

Hay que buscar una salida en la que podamos ver la solución y prosperar. Siempre habrá un riachuelo de esperanza, aunque por otro lado, cae un río desbordado de malicia y crueldad.  Con eso hay que vivir; porque eso es el presente.

Para finalizar, haré mención a las mujeres. La mujer no tiene que ser menos que el hombre. Tiene que tener las mismas condiciones que los hombres en los aspectos cotidianos; en la vida diaria. Os lanzo una pregunta, lectores; ¿Por qué no dejamos de decir gilipolleces y nos preocupamos más en mejorar la calidad de vida de los dos sexos?.

Cuando los hombres eran gigantes

PASAJE |DE CHINITAS 
“Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…”
Iván R. Ray
Escritor | Colaborador Belmonte  ••• | Arte

Cuando los hombres eran gigantes que poblaban la faz de la tierra, hasta los demonios se escondían a su paso. La Creación aún no había terminado de fraguar y con sus manos estos hombres ayudaron a moldearla. Cuando los hombres eran gigantes comenzaron a escribir la historia, como hoy, en las cortezas de los árboles antes de que nada importara. Cuando los hombres merecían ese nombre guardaban una navaja en sus bolsillos y con ellas tallaban su verdad y la de la persona a la que amaban porque todavía no se había inventado el miedo, y a su lado una fecha, que era cuando comenzaba la vida, la suya de ellos. El futuro para ambos era un mar en blanco que rellenar cuando no existían caminos, cuando cada horizonte era nuevo, cuando se ponía el sol sin saber si volvería a salir tras dejar preñada a la luna para que concibiese un nuevo día. Cuando los hombres eran de verdad se daban la mano y el alma cabía en una palabra: sí.

-Los hombres parten el pan con las manos.

Así nos lo contó Lorca en compañía del Amargo. Decía que hay cuchillos de oro, que buscan el corazón, y otros de plata que degüellan. Pero el pan se parte con las manos, y se da a cada cual su porción sin que nadie quede sin él. Los hombres ribeteaban los árboles con sus iniciales usando una navaja, un cuchillo, acaso un estoque, y mojaban su hoja en el río y dejaban que no se secara a la luz de esa luna de antes de, como los grandes autores, dejar su firma en la Creación. Era por entonces cuando el horizonte se doblaba como un embozo y cada mañana era la última porque el tiempo no existía, y la eternidad era su religión. Cuando el mundo acabe quedarán esos árboles, y esos nombres y esas fechas sin sentido, y todo recobrará su entendimiento porque el nuevo mundo brotará de las semillas que germinaron tras las flores de esos árboles que nadie regó, que nadie cuidó y a todos dio sombra. Y cada cual reconocerá su letra, el nombre de la amada en ella, y la placidez que regala a la ribera de su río, de su prado, de su jardín. Lo hacían porque creían en las obras de sus manos, y tanta era la vida ansiada que necesitaban a su lado el nombre de una mujer para ser capaces de poder acabarla. Era entonces cuando los árboles así heridos sangraban y el bosque se rendía inclinando sus copas ante los elegidos.

Nadie que haya jurado leal amor a una mujer verá jamás su dicha defraudada y, cuando llegue la hora del naufragio, sabrá agarrarse a un tronco salvador que llevará su nombre tallado en su lomo porque el error es tan solo uno de los nombres que damos al destino. Así ocurría cuando los hombres eran gigantes, que es como se llama, a cualquier edad, a la juventud.