El rojo (como una de las bellas artes)

PASAJE | DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…” 

Iván R. Ray | Escritor Colaborador Belmonte  ••• | Arte

El amanecer es de todos, el resto del día es responsabilidad de cada cual. Sabemos que no hay universo que no quepa en la mirada de quien sabe cómo deber ser amada la persona a la que no ama, que todo cabe en quien sabe mirar, incluso para aquel que desconoce que un punto blanco en la noche del cielo es más grande, en su realidad de estrella ajena, que este sol que se deja alumbrar por la persona amada. Todo cabe en esa mirada menos el color rojo, el que hace las veces de padrastro de los primarios, y no verlo es pena tan grande como vivir Granada en esa memoria negra que es el ser ciego. El rojo es todo lo que no se ve con los ojos herméticamente abiertos de par en impar, y tanto lo es que la sangre quiso ser roja, como lo es el vientre del revés, y la lengua, como rojo es el color de cuando se muerde una fruta o un labio. Ser rojo es ser acero incandescente en la fragua y herida abierta en el alma, que rojo es la ira y el corazón como rojo es el color de una enagua del moulin rouge y la ropa del cardenal de la curia, porque Dios cree por igual en ella y en él para su magna obra de amar. Sabemos que el rojo es porque fluye, que el rojo no es real como el azul, ni envidia como el amarillo, ni verde como el vegetar. Roja es la lava de volcán y, todavía, rojo es la más fría de las más pequeñas de nuestras pasiones, como rojo es también, sin saberlo acaso, el rastro que deja una mirada, el bocado de quien nunca ha besado y la fresa en nuestra sazón. Y los tacones, claro, como rojo es el capote que besa el lomo negro antes de ser banderilleado y rojo de fuego era la espada que guardaba, y aún guarda, la puerta del Paraíso. No hay ojo capaz de comprender que él es la existencia para quien ve. El rojo es suspender en el examen de la vida para quien sabe qué debe contestarse, es el color del semáforo que prohíbe seguir, que prohíbe querer vivir, roja es la marca que deja el latigazo, el degüello y ese adiós que después se aleja por la calle contoneándose. El rojo es la medida de las cosas que no pueden ser medidas sobre el rostro de quien es medido, es el sonrojo de quien dice la primera palabra, de quien pronuncia a gritos la mirada, la proposición adversativa o la copulativa, es el rubor de verte cuando descubres que te miro, es el color de las palabras torpes que se enredan al pronunciarse unas con otras si sueño que algún día sea posible que tal vez pueda, acaso, hablarte. Roja, en fin, fluye la sangre del inocente y la del culpable, la del enamorado y la del tísico como roja es la rosa y la mancha que deja sus espinas. Como roja es la vida porque las más grandes historias de amor siempre se han escrito con carmín.

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Ven, lléname de ausencia.

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Iván R. Ray | Escritor
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