Niebla

PASAJE |DE CHINITAS “Cuando se escribe en Belmonte Arte, la casa de Melanie Belmonte…” Iván R. Ray
Escritor | Colaborador Belmonte  ••• | Arte

De vez en cuando la vida cierra los ojos. Lo hace para respirar, dicen, lo hace para descansar en su peregrinaje, como un reposo, es cuando baja los párpados por un instante antes de seguir para que sigamos. Y lo que dura ese momento en el que aparta la vista para no desesperar es lo que los hombres, en su insignificancia, llamamos Niebla, pues todo lo que puede pensarse cabe en el tiempo que permanece, todo lo que de verdad importa se abarca en su efímera eternidad. Entonces sabemos que es Niebla, y lo es porque podemos en Ella alcanzar a tocar todos los horizontes posibles con los dedos, están ahí, todos, a nuestro alcance, y al tiempo somos el horizonte nuestro, y el del amigo, y el de la amante que nos acompaña sin saberlo. Sabemos que es Niebla porque en su cobijo sentimos que esa vida, que el existir, nos cubre con una sábana blanca, tan blanca como solo pueden ser blancas las sábanas de los lechos de los recién casados. Sabemos que es Niebla, en fin, porque posee la forma de los lienzos, que es la forma que usted posee, que es la forma de poseernos. En la Niebla somos nosotros el paisaje, el principio y el fin de algo y de nada a la vez, acaso porque durante la Niebla apenas aprendemos a palpar y todo cuanto no vemos se hace verdad, y todo cuanto rozamos es cierto, tan auténtico como nunca lo ha sido, sin engaños ni apariencias, tocamos lo que sí es porque nos fiamos al acariciarlo.

Y será Niebla, lo sabemos, mientras dure el aliento de los dioses que la crearon exhalando su alma sobre nuestras miserias para hacerla también nuestra. Esa respiración de los cielos que nos hace inmortales hasta que nos disipemos con ella nos acompaña cuando recorremos de su mano los arroyos mientras que al otro lado amanece para los demás, y así aspirar el olor a salitre de las playas donde los niños dejaron olvidados sus continentes descubiertos ayer, y el musgo de los valles donde algún día reposarán los huesos, todos los huesos. Pero eso será después, ahora es solo Niebla sobre la que caemos.

Y seremos Niebla si como en ella no hay engaño, Niebla pálida que vence a la oscuridad, y a la muerte de los sentidos porque en Ella todos son posibles. Luego, lo sabemos, vendrá lo demás, la Niebla alzará su vuelo como se levantan los velos de las novias, dejando que todo lo que pudimos haber sido, la realidad creadora de cuando todo es ese breve instante, se haga real cuando de vez en cuando la vida cierre los ojos. Solo entonces comprendemos que no existe el beso sino el besar, que nunca vivió la poesía sino las poetas, y sabremos, como en la herencia que nos deja nuestra descendencia, que tampoco en este mundo existe el amor, sino quienes se aman.

Será entonces la Niebla, que llega a nosotros para que la abracemos como se abraza todavía húmeda la ropa de la casa tendida al sol para quienes nunca creyeron que el amor sea para siempre, sino la victoria de cada mañana. Como la Niebla.